domingo, 6 de junio de 2010

Las palabras siguen su viaje, Margaret Atwood


Las palabras siguen su viaje

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¿Sufren en realidad los poetas más

que otra gente? ¿No es sólo

que a ellos les toman fotos

y se les ve hacerlo?

Los manicomios están llenos de aquellos

que nunca escribieron un poema.

La mayoría de los suicidas no son

poetas: una buena estadística.

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Algunos días sin embargo quiero, todavía,

ser como otra gente;

pero entonces voy y hablo con ellos,

esa gente que se supone que son

distintos, y se parecen mucho a nosotros,

excepto que carecen de esa cosa

que pensamos que es una voz.

Nos decimos entre nosotros que ellos son más débiles

que nosotros, menos definidos,

que ellos son lo que nosotros definimos,

que les estamos haciendo un servicio,

que nos hace sentir mejor.

Ellos son menos elegantes en el dolor que nosotros.

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Pero mira, dije nosotros. Aunque pueda odiar tus tripas

individualmente, y nunca quiera verte,

aunque prefiera pasar el rato

con dentistas, porque aprendo más,

hablé de nosotros en plural, nos uní

como los miembros de alguna caravana de la muerte

que es como nos veo, viajando juntos,

las mujeres con velo y de una en una, con esa mirada

hacia adentro y los ojos desviados,

los hombres en grupo, con sus bigotes

y pasatiempos y baladronadas

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en el lugar al que estamos pegados, el lugar que hemos escogido,

un peregrinaje que tomó un rumbo equivocado

en alguna parte hace mucho y terminó

aquí, a plena luz

del sol, y las sombras duras rojinegras

desplegadas por cada piedra, cada árbol muerto misterioso

en sus particularidades, su doble gravedad, pero flotando

también en la aureola de piedra, de árbol,

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y no estamos más malditos en realidad que nadie, mientras vamos

juntos a través de este terreno lunar

donde todo está seco y agoniza y está

tan vivo, hacia las dunas, desvaneciéndonos fuera de campo,

desvaneciéndonos fuera de la vista de los demás,

desvaneciéndonos incluso fuera de nuestra propia vista,

buscamos agua.

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Margaret Atwood

Las palabras siguen su viaje

Luna nueva, 1984

Traducción de Luis Marigómez

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……………

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The words continue their journey

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Do poets really suffer more

than other people? Isn’t it only

that they get their pictures taken

and are seen to do it?

The loony bins are full of those

who never wrote a poem.

Most suicides are not

poets: a good statistic.

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Some days though I want, still,

to be like other people;

but then I go and talk with them,

these people who are supposed to be

other, and they are much like us,

except that they lack the sort of thing

we think of as a voice.

We tell ourselves they are fainter

than we are, less defined,

that they are what we are defining,

that we are doing them a favor,

which makes us feel better.

They are less elegant about pain than we are.

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But look, I said us. Though I may hate your guts

individually, and want never to see you,

though I prefer to spend my time

with dentists because I learn more,

I spoke of us as we, I gathered us

like the members of some doomed caravan

which is how I see us, traveling together,

the women veiled and singly, with that inturned

sight and the eyes averted,

the men in groups, with their moustaches

and passwords and bravado

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in the place we’re stuck in, the place we’ve chosen,

a pilgrimage that took a wrong turn

somewhere far back and ended

here, in the full glare

of the sun, and the hard red-black shadows

cast by each stone, each dead tree lurid

in its particulars, its doubled gravity, but floating

too in the aureole of stone, of tree,

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and we’re no more doomed really than anyone, as we go

together, through this moon terrain

where everything is dry and perishing and so

vivid, into the dunes, vanishing out of sight,

vanishing out of the sight of each other,

vanishing even out of our own sight,

looking for water.

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Interlunar, 1984.

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