miércoles, 17 de abril de 2013

UNA RATA MUERTA EN LOS GERANIOS. INDIO SOLARI.






Con un soplo vacío mi boca/ es tarde en la noche
y no puedo dormir.
Silenciosa mi risa está oscura/domina mis labios, me obliga a mentir.

Niebla cubre el parque,
ponen un velo que quita vida
y da ilusion

Necesito de algun paraíso que obligue a mi cuerpo a jugar con vos
Aunque estoy atado a tus diabluras
sabés que estoy siempre a favor del adiós.

Perros, como fantasmas, que nos rodean
en la neblina al caminar.

La belleza es siempre temible y se hace difícil poder soportar
Cuando vas de un silencio a otro cubriendo tus ojos con mi soledad.

Nubes que son sospechas
mientras me llegan perfumes de la tempestad.
Las ves?

viernes, 1 de febrero de 2013

Estás solo, lo mismo...



Estás solo, lo mismo...

Estás solo, lo mismo.

Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente,
yo no soy en tu noche más que un lago, una copa,
más que un profundo lago,
en que puedes beber aun cerrados los ojos,
olvidado.
soy para ti como otra oscuridad, otra noche,
anticipo de la muerte,
lo que llega en el día frío el hombre espera, aguarda,
y llega y él se entrega a la noche, a una boca,
y el olvido total lo ciega y lo anonada.

Sin límites la noche,

pura, despierta, sola,
solícita al amor, ángel de todo gesto...

Estás solo, lo mismo.

Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma,
concédete a la hora.

Idea Vilariño

sábado, 1 de diciembre de 2012

Sal con una chica que no lee (por Charles Warnke)



Sal con una chica que no lee (por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo continuará  sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

martes, 20 de noviembre de 2012

Un mapa de ausencia.


Pero aún tienen el trabajo de sus tierras,
la historia de un pasado glorioso,
la voz primera de la vida,
tienen el presente y el futuro, 
allí, en vuestra Palestina,
tienen ésta vida y la otra.

Palestina resiste entre bombas de los intrusos, 
mercenarios que cosechan el trigo sembrado
con el sudor y regado con la sangre de los martires.

De ustedes querido pueblo palestino son
el suelo
el mar 
el olivo
la sal
las heridas
el pasado de haber convivido las tres comunidades del Libro en Paz
el presente con la identidad herida
generaciones amputadas.

De ustedes son la dignidad y la resistencia, 
la paciencia de saber que la victoria está cerca.

Palestina, el techo del cielo
¿Cómo podría aplastarlos el desconsuelo y la desesperación?
¿ Cómo podrían las bestias intrusas y llenas de odio
apagar la sonrisa de tus habitantes?
¿ Y la luz de sus ojos?
¿ Cómo podrían coartar la libertad que va más allá 
de un muro miserable de cemento?

Restistencia y Sabr* son vuestros estandartes 

El amor por tu pueblo querida Palestina
enciende la esperanza de verte purificada
de esos sangrientos fantasmas.

La lucha continuará, 
sin cansancio,
sin quedarse inmovilizados
hasta que sean expulsados
los monstruos, fanstasmas y sombras 
que hoy pretenden someterte. 


* Sabr: significa paciencia en árabe, pero está relacionada a la paciencia sometida a la voluntad de Dios. 

Autor: Bummah

Pequeña reseña de como van las cosas por Gaza. Poema .


En Gaza estamos muy bien, gracias
¿ Y usted ?
Estamos bien, mirando por CNN los fuegos artificiales del ataque
¿ Y usted?
Esquivando bombas, juntando escombros,
los restos de cuerpos mutiladas
Nuestros niños agujereados yacen bajo los desechos de los que fueron sus hogares
Los hospitales sin insumos bajo el fuego del enemigo
Huérfanos, jóvenes, adultos y ancianos 
bajo el yugo de la incertidumbre y el terror preguntan por usted
pero acá en Gaza, a pesar de todo,estamos bien. 
¿ Y usted ?
El mar está cerca
también el muro de la vergüenza
los olivos convertidos en cenizas
la tierra seca
los soldados sionistas pisando cabezas
Pero seguimos luchando
seguimos rezando
seguimos esperando
¡ No !, nos podemos quejar 
tenemos lo que necesitamos
Alimentos y medicamentos en flotas que nunca llegan 
armas en manos de nuestros soldados
armas en manos de nuestros enemigos
misiles que llegan de nuestro territorio robado
¡ Gracias por su apoyo !
Nuestros corazones
nuestras heridas
nuestras casas
nuestros olivos
nuestro cielo
nuestra sonrisa
nuestros rostros
nuestra resistencia
nuestra dignidad
nuestras espadas
nuestra sangre
nuestras mortajas
nuestras tumbas
nuestro libro 
nuestra fe
ha de preservarnos de sus armas 
de sus promesas
de sus falsos discursos de conciliación
de sus falsos conceptos de paz 
de sus mentiras
de sus huecas palabras
de sus manos asesinas
de su odio infundado
de la ira del tirano sionista 
que lleno de muerte insiste en devastar a nuestra Palestina.


Autor: Bummah 

lunes, 15 de octubre de 2012




La lengua debe poseer todas las escalas musicales. El poeta debe siempre, en todos los casos, contar con la palabra temblorosa, la que me cuenta la cosa, la que con su acierto puede vulnerar mi alma hasta hacerle gemir. La palabra puede convertirse en color, en sonido, en olor; es tarea del poeta usarla de manera que funcione, que nunca falle y nunca rebote.
(…)
Debemos poder gozar y burlarnos con la masa de palabras; se debe saber y conocer la fuerza de la palabra, no sólo la fuerza directa, sino también la secreta. Las palabras tienen otras tonalidades, que se encuentran por encima, por debajo y al lado de ellas.

Daniel Pennac. Como una novela (fragmento)

El tiempo para leer siempre es tiempo robado. (Al igual que el tiempo para escribir, por otra parte, o el tiempo para amar). ¿Robado a qué? Digamos que al deber de vivir. Ésta es, sin duda, la razón de que el metro -símbolo arraigado de dicho deber- resulte ser la mayor biblioteca del mundo. El tiempo para leer, al igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo de vivir. Si tuviéramos que considerar el amor desde el punto de vista de nuestra distribución del tiempo, ¿qué arriesgaríamos? ¿Quién tiene tiempo de estar enamorado? ¿Se ha visto alguna vez, sin embargo, que un enamorado no encontrara tiempo para amar? Yo jamás he tenido tiempo para leer, pero nada, jamás, ha podido impedirme que acabara una novela que amaba. La lectura no depende de la organización del tiempo social, es, como el amor, una manera de ser. El problema no está en saber si tengo tiempo de leer o no (tiempo que nadie, además, me dará), sino en que si me regalo o no la dicha de ser lector.