viernes, 12 de octubre de 2012

El Príncipe - Milonga para una niña


La realidad y el deseo. Olga Orozco


a Luis Cernuda

La realidad, sí, la realidad,
ese relámpago de lo invisible
que revela en nosotros la soledad de Dios.

Es este cielo que huye.
Es este territorio engalanado por las burbujas de la muerte.
Es esta larga mesa a la deriva
donde los comensales persisten ataviados por el prestigio de no estar.
A cada cual su copa
para medir el vino que se acaba donde empieza la sed.
A cada cual su plato
para encerrar el hambre que se extingue sin saciarse jamás.
Y cada dos la división del pan:
el milagro al revés, la comunión tan sólo en lo imposible.
Y en medio del amor,
entre uno y otro cuerpo la caída,
algo que se asemeja al latido sombrío de unas alas que vuelven desde la eternidad,
al pulso del adiós debajo de la tierra.

La realidad, sí, la realidad:
un sello de clausura sobre todas las puertas del deseo.

Olga Orozco

sábado, 6 de octubre de 2012

Palabras de Milton Schinca a sus alumnos


Milton Schinca contribuyó al boulevard de las letras del país, porque ante todo fue un maestro. El siguiente es un ejemplo de las palabras que les deja a sus discípulos en los talleres literarios que sostuvo al regreso de su exilio en México.

En este final, en este comienzo

"Si pensás que cuando llegues a escribir literatura, el que va a escribir sos tú, mejor no escribas. Pobre del escritor que no sepa que el yo-escritor no existe, que dentro de él escriben multitud de "otros"; otros seres que fueron, otras historias, otras maneras de mirar el mundo. Cómo vienen a confluir en nosotros, no lo sabemos; pero eso no varía en nada la verdad de que escribir es siempre un acto poblado, una conjunción que llega de muy lejos y que trae el aporte de mil correntadas, incluso de algunas que jamás vimos ni veremos.

Si creés saber cómo se escribe, mejor no escribas. Nadie lo sabe, ni lo sabrá nunca. Los profesores podemos enseñar pequeños resortes, algunos trucos o habilidades de oficio, poca cosa más. Todo ello es necesario sin duda; puede que mejoren la escritura, que la hagan más reluciente y eficaz. Pero el arte de escribir es de otra índole, viene de otro lado, al que no se llega con oficio. Por eso es importante que te olvides de lo que aprendiste con tu profesor y que te dejes llevar con los ojos cerrados: dentro de ti camina un yo ignorado, que quizás sepa cómo hacerte escribir. Si no lo sabe él, no lo sabe nadie.

Si creés que para ser escritor hay que leer únicamente literatura, mejor no escribas (así leas toda la literatura del mundo). Ese "reducirte a lo tuyo" acaso sea aconsejable en alguna profesión, oficio, artesanía o secta; pero es muy otra la naturaleza del escribir. Debés entender que la literatura es una pretensión, a todas luces irrazonable, de convertir la palabra en la voz entera del mundo. La literatura no tiene opción: o es un cruce de todos los caminos o no es.

Si vas a escribir para tu fama, tu gloria, tu estatus o (peor aún) tu dinero, mejor no escribas. Puede que logres dinero, estatus, gloria y fama (¡tantos los consiguen!); pero será muy triste haberte pasado años escribiendo sin entender propiamente lo que tenías entre manos. Sin entender que se escribe buscando apenas ser un poquito menos uno mismo para que otros puedan serlo más; tratando de iluminarte en algo tú para que el mundo se ilumine. Separada de estos fines, la literatura se vuelve, tarde o temprano, irrisoria y vacua, y es casi inevitable que termine destruyendo lo mejor que traías.

En fin, si creés que por seguir todas estas indicaciones vas a ser escritor, mejor no escribas. Ciertamente es indispensable que las cumplas al pie de la letra; pero pobre de ti si no te das cuenta a tiempo de que ninguna lección, ni consejo, ni sentencia te pondrán en camino. Que serán ciertos vientos secretos del mundo los que te harán escribir o no. Me parece indispensable que dudes a diario de tu vocación, pero jamás dudes de ese viento que te lleva, única fuerza a la que debés encomendarte.

Y si ella dictamina "No serás escritor", agradécele igual: la sola intención de escribir -si fue sincera- te levantó por encima de ti y te ayudó a tocar zonas del ser y del mundo que de otro modo no hubieras alcanzado nunca.

Con un fuerte abrazo de tu profe y amigo, deseándote que no seas un literato sino, mucho antes, un hombre posible.”

Milton Schinca

Orillar el vuelo


Se me oye la noche en la voz .
Afuera, un silencio de pájaros y gritos.
Y ese olor azul de las estrellas.

El último de mis nocturnos.

Hacés falta aquí,
cerca de mis canciones.
Ese perfume de las palabras que se siente por tus dedos.
Habitar en las líneas melódicas de tus manos.
Rasgar la noche por una de tus esquinas.
Leérte por la orilla de la noche.
Y ese rumor  a orillas de un libro.

¿ Qué hacés en mi abismo y por qué te siento tan a fondo? 

Te soy mi palabra.
A veces me escucho acercándome a tu orilla.
A veces me escondo donde no pueda hallarme.
A veces silencio, 
a versos palabras.
A veces acomodarme los tropiezos

Del otro lado de los sueños, una noche perenne.

No soy yo, 
es ese arrebol que me seduce, 
y bajo el ala del silencio,
un poema anida la palabra.

Soy un incierto acorde de guitarra
Voy a guardárme entre el ruido de la noche.

Hoy, 
solo traigo un rumor a espacios indecisos.
( le tiembla la voz, 
se le nota en las letras)

¿ Y ese perfume penetrante y melancólico que traés entre los versos?

La tierra me late entre pecho y espalda
mientras voy desempolvando todas mis nubes.

Un ruido plano...
El roce del viento a ras del horizonte.
Afuera, 
un grito sin forma ni color.

Juro que lo intenté,
pero
siempre
vuelo
siempre
vuelas.

Deja que te lleve, 
dentro del río suenas mejor.
Insomnios que son sonrisas de ojeras a ojeras
Sembraste dudas y entonces crecí
Nunca te olvido, ni siquiera cuando sí.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Vos.






Se me oye tu silencio en la voz
Afuera, un silencio de pájaros y gritos
Y ese olor azul de las estrellas 
Y ahí va el hombre, ese que a su paso surca nuevos caminos
Haces falta aquí. Cerca de mis canciones 
El último de mis nocturnos
Ese perfume de las palabras que se siente por tus dedos
Y ese rumor a orillas de un libro
Habitar en las líneas melodicas de tus manos 

lunes, 25 de junio de 2012

Diálogo entre Hemingway y Gil Pender extraído de la película " Medianoche en París " de Woody Allen


Hemingway: La misión era tomar la colina. Éramos cuatro, cinco contando a Vicente, pero había perdido una mano al estallar una granada y no podía luchar como lo hacía cuando le conocí. Y era joven y valiente, y la colina estaba encharcada de tanta lluvia, y el camino descendía, y había muchos soldados alemanes, y se trataba de apuntar al primer grupo y con puntería certera, retrasarles.

 Gil Pender: ¿Tenía miedo?

Hemingway: ¿De qué?

  Gil Pender: De que le mataran.

 Hemingway: No escribirá bien si tiene miedo a morir. ¿Lo tiene?

Gil Pender: Si, lo tengo. Yo diría que es quizá mi mayor miedo realmente.

 Hemingway: Es algo que le ha pasado a todos los hombres y a todos les pasará.

 Gil Pender: Lo sé, lo se…

 Hemingway: ¿Ha hecho el amor con una auténtica gran mujer?

Gil Pender: La verdad es que mi novia es bastante sexy.

 Hemingway: ¿Y cuando hace el amor con ella siente una pasión bonita y veraz, y al menos en ese momento pierde el miedo a la muerte?

 Gil Pender: No, no suele ocurrirme…

 Hemingway: Creo que el amor que es veraz y real crea una tregua con la muerte, la cobardía viene de no amar o no amar bien, que es lo mismo. Y cuando el hombre que es valiente y veraz mira cara a cara a la muerte como cazadores de rinocerontes que conozco, o Belmonte, que es valiente de verdad; como aman con suficiente pasión apartan a la muerte de su mente, hasta que vuelve como hace con todos los hombres, y es hora de volver a hacer el amor de verdad. Piénselo bien.


 

domingo, 17 de junio de 2012

CARTAS DE VIRGINIA WOOLF A VITA SACKVILLE-WEST


Martes 5 de enero 1927

 " ¿Por qué piensas que no siento o que hago las frases? “Frases encantadoras”, dices, que le roban la realidad a las cosas. Es todo lo contrario. Siempre, siempre trato de decir lo que siento. Por alguna razón, todo es aburrido y triste. Te he echado de menos. Te echo de menos. Te echaré de menos. A medida que te alejas me resulta más difícil visualizarte, y pensar en ti con fondo de pirámides y camellos me abruma un poco. Pero vamos a dejar eso y a concentrarnos en el presente ¿Qué he hecho? He sido muy laboriosa. Creo que en parte debes haber desorganizado mi vida doméstica, porque en cuanto te fuiste cayó sobre mí un torrente de obligaciones. No tienes idea la cantidad de colchones, mantas, sábanas, fundas y enaguas que he tenido que comprar.(...) En cuanto a mis encuentros, no me he enamorado de nadie… aunque ésa no es mi línea exactamente. ¿Lo habías adivinado? No soy fría; no soy farsante, ni débil, ni sentimental. Qué soy. Quiero que me lo digas tú.…Voy a tener un pequeño grupo dramático. Me gusta la profusión de esas pobres criaturas: pintadas e irreales, todas desesperadas porque no tienen trabajo o están enamoradas. Creen que soy una gárgola grotesca, semihumana, rígida como un demonio en una catedral. A ellas les parece increíblemente excitante que yo mueva las piernas y hable como un libro. Pero no durará mucho. Es parte de mi esnobismo adornar toda la sociedad salvo la mía propia. Pero (volviendo a tu carta) siempre supe que eras distante. Sólo que me dije: insisto por pura amabilidad. Con ese objetivo fui a verte.

 * Abre el primer botón de tu blusa y allí me verás anidando, como una ardilla de hábitos inquisitivos pero de todos modos adorable."

 2 de Febrero de 1927

 "No hubo carta tuya ni hoy ni ayer. Me desperté muy melancólica en medio de la noche. Se está yendo el efecto de mi narcótico. ¿Por qué se ríe de mí la gente?, pregunto. Sabes, es una gran cosa ser un eunuco, como yo; quiero decir, no saber cuál es el derecho o revés de una falda, eso hace que las mujeres confíen en mí. Aquí en mi cueva, veo las cosas cuya luz vosotras, criaturas resplandecientes, ocultáis tras vuestra luz. No, no tengo un resfriado pero estar aquí escribiéndote en medio de todo este desorden, es como tener uno. Hasta el momento no he podido abrir un libro sin ser interrumpida. Y luego tú no estás… Me encuentro a merced de la gente, sola. Como un objetivo lamentable, incapaz de expresar sus necesidades. Cómo me has desmoralizado. En cierta época yo era una mujer vigorosa, pero ahora todo me resulta frágil y laborioso mientras pierdo el tiempo levantando la tapa de mi cerebro para ver si hay allí un pez flotando, un nuevo libro. No, por el momento no hay nada."

 6 de Marzo de 1927

 "(...)Han surgido dos mujeres extrañas: una de ellas es una mala cantante, que me pide vaya a verla en la cama ¿lo haré? La otra ¡qué importa! Yo quiero a Vita; quiero al insecto, al crepúsculo. Dejo ésta abierta a la espera de las tuyas. Ninguna. Ahora debo terminar esta carta. Y no he dicho mucho de nada ni te he dado una idea de las altísimas y aterradoras olas y los profundos pozos infernales a los que asciendo y desciendo en pocos días. Como todos. Subimos y bajamos violenta, incesantemente, y me siento algo avergonzada, ahora que trato de escribirlo, de ver qué minúsculo egoísmo hay en el fondo de todo eso, por lo menos en mi caso: que no puedo escribir mi novela, que debo salir a tomar el té, que tendría que comprar un sombrero. Ah, pero también está Vita. Quererla no es un egoísmo minúsculo. ¿Sabes que esta mañana sufrí un verdadero golpe de decepción? Estaba segura de que tendría una carta tuya, la abrí, y en su lugar encontré la carta de una mujer que hace diez años se sentó frente a mí en un ómnibus azul y que ahora quiere venir a hacer un busto mío. Pero la adulación implícita me enfadó tanto, que otra vez estuve maldiciendo: no hay intimidad, siempre hay gente que viene y no hay carta tuya. ¿Por qué no? Sólo una nota y un gemido salvaje y melancólico a lo lejos.Y tampoco ninguna fotografía. Adiós, queridísima criatura lanuda.

 * Es increíble lo esencial que te has vuelto para mí… Maldita seas, criatura mimada. No conseguiré que me ames más traicionándome así."