lunes, 8 de noviembre de 2010

El Presagio. Jorge Fandermole





Palidecerá tu fina piel no escrita todavía,
tu rostro sagital sin huellas, sin historias ni medidas;
y así, desmantelado sobre el muelle de una alfombra,
el tibio pecho rojo de una presa herida.
Una y otra vez cruzábamos el alma en las esquinas.
Yo iba tras tus pies, sediento y agotado por la prisa.
Y en una calle, al sur de los secretos, un panal
nos vuelve a ver brillar como un lejano día.
Amor, te dije, volarás
alto y lejos desde donde no se gira
por no ver que lo que hay atrás
es arquitectura desvanecida.
Y algo de la luz de aquellos años
viene a redimirnos con sabor
de sangre de los ángeles que fuimos
cuando aún no podíamos morir.
Se quemó el amor como se quema toda cosa viva,
con intenso calor hasta desaparecer en la ceniza;
los cuerpos, la memoria y la locura de los dos
hoy son estas dos blancas estatuas de tiza.
Si nada dura, nada importa tanto y nada es necesario,
y los recuerdos son como noticias en los viejos diarios,
por qué está tu fantasma destilándose ante mí,
por qué me quita el aire lo que estoy cantando.
Amor, te dije, volarás...

Que paseo de noche ... Pedro Salinas


¡Qué paseo de noche
con tu ausencia a mi lado!
Me acompaña el sentir
que no vienes conmigo.
Los espejos, el agua
se creen que voy solo;
se lo creen los ojos.
Sirenas de los cielos
aún chorreando estrellas,
tiernas muchachas lánguidas,
que salen de automóviles,
me llaman. No las oigo.
Aún tengo en el oído
tu voz, cuando me dijo:
“No te vayas”. Y ellas,
tus tres palabras últimas,
van hablando conmigo
sin cesar, me contestan
a lo que preguntó
mi vida el primer día.
Espectros, sombras, sueños,
amores de otra vez,
de mí compadecidos,
quieren venir conmigo,
van a darme la mano.
Pero notan de pronto
que yo llevo estrechada,
cálida, viva, tierna,
la forma de una mano
palpitando en la mía.
La que tú me tendiste
al decir: “No te vayas”.
Se van, se marchan ellos,
los espectros, las sombras,
atónitos de ver
que no me dejan solo.
Y entonces la alta noche,
la oscuridad, el frío,
engañados también,
me vienen a besar.
No pueden; otro beso
se interpone en mis labios.
No se marcha de alli,
no se irá. El que me diste,
mirándome a los ojos
cuando yo me marché,
diciendo: “No te vayas”.

Colera de suicidas



Quien se hace digno de cabezas fuego?



Nadie podrá vivir con la culpa…



Soy un vasto bosque por el océano



Flotante de islas y cerros gotas.



Ahí débil y cansado de lupas de pueblo



Donde el meticuloso reloj llora agujas.



Con el campanario roto y mudo en singulares



Sin poder encontrarme en brújulas opacas



Soñando con reírme más en llanto.



Ajaba los pergaminos de verdades



No podrías entender mi frivolidad latente



Más que contentar mi carne con tu humedad



Y secar mi alma en esas sombras congeladas



Pero vos y yo sabíamos mejor que eso…



Susurrábamos palomas al oído amputado.



Contemplamos a Frida y Platón!



Estábamos tan oscuros como queríamos morir.



Honorando imágenes santas y plumas.



Sin sentir la vida del pan de cada día



Cortábamos nuestros puños para sentirnos



Y el edredón ya no abrigaba las canelas…



Estábamos atados a servilletas con espinas



Y dementes de la racionalidad católica.



Pero amándonos en éxtasis de Ondiles y algo mas…



Solo queríamos sentir y me seguías.




jueves, 4 de noviembre de 2010

La muerte. Jose Carbajal el Sabalero

Me enrosco en tus ancas fuertes


Y en tus ternuras mi negra


Me gusta vivir la vida


Entregándome a la suerte


Pa no tener tanto miedo


Cuando me abrace la muerte




Será porque tengo el cuerpo


Llenito de madrugadas


Que busco una muerte viva


Jamás una muerte mansa


O será que no se eligen


Estos barullos del alma





Atrás de la enamorada


anda el que esta enamorando


Detrás de mi vida negra corren


los que van matando




Con chorros de mariposas


Enamoramos la vida


Entre sabanas calientes


Promesas y despedidas


Y bajo de cada retaso


Anda la muerte escondida






Angelitos de bosteco


Ventanita de un verano


Me enseñaste la tristeza


Cuando soltaste mi mano




Quedaras con los mariachis

Cantaras en las trompetas

Y yo me marcho solito

Llorando por que me cuesta




La muerte no tiene manos

La vida se las quito

Pero le dejó la boca

Y le dice ven mi amor



Muerte que anda de amargura

Como si se lo pidiera

Déjeme un ratito solo

Pa arreglarme con mis penas



Le juro que si se ensaña muerte

Con mi corazón

El día que me caliente

Entro a perseguirla yo



Con quien,

Con quien se moja la muerte

Que nunca,

Que nunca chupa con migo

Y amigo de buena vida

No le importa ni un comino



A donde se va la muerte

Que salio en punta de pie

No me interesa compadre

Ya lo sabremos después



La muerte andaba rondando

Quien sabe donde andará

No me dejes alegría

No te vallas vida mía

Que esta puta, vieja y fría

Nos tumba sin avisar




MusicPlaylist
Music Playlist at MixPod.com

Capítulo 68. Rayuela



«Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.»

martes, 2 de noviembre de 2010

Poemas. Alejandro Ferreiro.



1.

en el Museo de la Imaginación
el visitante es un ser prescindible
y la institución funciona perfectamente
sin la necesidad de funcionarios


2.

el aspecto rudo
de un hombre tosco y honrado
gotea de un tubo a otro

se corta
y arranca

se corta
y arranca

se corta
y arranca

se corta

ante la risa del carcelero
veo caer los párpados de mi padre


3.

este muerto no saldrá en los avisos fúnebres
ningún periódico
imprimirá su nombre

la suerte estaba echada de lado
en posición fetal

las cosas se pueden torcer
de un momento a otro
y el azar
perder un ojo

por una cuenca vacía
se puede filtrar la vida


4.

el futuro es de la imaginación

este verano pusimos un negocio
y comerciamos amor

la temporada fue excepcionalmente breve
y las puertas del local permanecieron abiertas día y noche

el libre mercado nos favoreció
y como lo nuestro estaba siendo atendido por sus propios dueños
prosperamos bajo el manto solar

colgamos en la pared la filosofía empresarial:
hoy nos fiamos, mañana no

el futuro es de la imaginación


5.

el avión se mueve mucho
la señora que está a mi lado dice:
el otro día viajé por Varig y no se movió nada.

busco tranquilizarla: es cuestión de segundos, todo acabará pronto.
me mira horrorizada
y el avión vuelve a tambalearse

yo escribo esto
y ella se toma la cabeza mirándome con espanto
debe pensar que garabateo mi testamento

cuando está pronta para llorar
el avión se estabiliza y ella sonríe con ganas
ahora parece una niña feliz y yo un padre orgulloso

dejo de escribir
ya no tiene sentido