sábado, 3 de octubre de 2009

The Danish poet. ( so cute short movie)


Plegaria para un niño dormido



Plegaria para un niño dormido
quizás tenga flores en su ombligo
y además en sus dedos que se vuelven pan
barcos de papel sin altamar.
Plegaria para el sueño del niño
donde el mundo es un chocolatín.
Adonde vas
mil niños dormidos que no están
entre bicicletas de cristal.
Se ríe el niño dormido
quizás se sienta gorrión esta vez
jugueteando inquieto en los jardines de un lugar
que jamás despierto encontrará.
Que nadie, nadie, despierte al niño
déjenlo que siga soñando felicidad
destruyendo trapos de lustrar
alejándose de la maldad.
Se ríe el niño dormido
quizás se sienta gorrión esta vez
jugueteando inquieto en los jardines de un lugar
que jamás despierto encontrará.
Plegaria para un niño dormido
quizás tenga flores en su ombligo
y además en sus dedos que se vuelven pan
barcos de papel sin altamar.


Dialogo



«—Cuando los muertos lloran, es señal de que empiezan a
recuperarse —dijo el cuervo con solemnidad.
—Lamento contradecir a mi famoso amigo y colega —dijo el
búho—, pero yo creo que cuando los muertos lloran es porque
no quieren morir.»

COLLODI, Las aventuras de Pinocho

Final de La invencion de la soledad. Paul Auster.


Frases finales del Libro de la Memoria.


De una carta de Nadezhda Mandelstam a Osip Mandelstam, fechada el 22-10-38, y no
enviada nunca.


«No tengo palabras, amado mío, para describir esta carta... La estoy escribiendo en el
espacio vacío. Tal vez regreses y no me encuentres aquí y entonces esto será todo lo que
tengas para recordarme... La vida puede durar tanto tiempo... ¡Qué dura y larga se nos
hace la muerte en soledad! ¿Es justo un destino así para nosotros que somos inseparables?
Cachorros y criaturas, ¿nos merecemos esto? ¿Acaso merecías esto, ángel mío? Todo sigue
igual que antes. No sé nada, y sin embargo lo sé todo. Cada día y hora de tu vida están claros
para mí como en un delirio. En mi último sueño, yo compraba comida para ti en el
sucio restaurante de un hotel, rodeada de un montón de desconocidos. Después de
comprar la comida, me daba cuenta de que no podía llevártela porque no sabía dónde
estabas... Cuando desperté, le dije a Shura: "Osia está muerto". No sé si aún estás vivo,
pero desde que tuve aquel sueño, he perdido tu rastro. No sé dónde estás. ¿Me
escucharás? ¿Sabes cuánto te quiero? Nunca pude decirte cuánto te amo, ni siquiera puedo
decírtelo ahora. Te hablo a ti, sólo a ti. Tú estás siempre conmigo, y yo que siempre fui tan
valiente y colérica que nunca aprendí a derramar unas simples lágrimas, ahora lloro, lloro
y lloro... Soy yo, Nadia. ¿Dónde estás?»


Coloca una hoja de papel en blanco ante sí sobre la mesa y escribe estas palabras.


El cielo es azul, negro, gris y amarillo. El cielo no está allí y es rojo. Todo esto ocurrió
ayer, todo esto ocurrió hace cien años. El cielo es blanco, huele a tierra y no está allí. El
cielo es blanco como la tierra y huele a ayer. Todo esto ocurrió mañana, todo esto
ocurrió dentro de cien años. El cielo es de color limón, rosa y lavanda. El cielo es la tierra.
El cielo es blanco y no está allí.


Se despierta. Va y viene de la mesa a la ventana, se sienta, se pone de pie. Va y viene de
la cama a la silla. Se acuesta, mira fijamente el techo. Cierra los ojos, abre los ojos. Va y
viene de la mesa a la ventana.


Encuentra otra hoja de papel. La coloca ante sí sobre la mesa y escribe estas palabras
con su pluma:


Fue. Nunca volverá a ser. Recuérdalo.

(1980-1981)

Fragmento de La invencion de la soledad. Paul Auster

Una noche, sin ninguna razón en particular, salió a caminar por la aburrida zona oeste
de la calle Cincuenta y se metió en un bar de alterne. Mientras tomaba una cerveza en la
mesa, una voluptuosa joven desnuda se sentó a su lado. La chica se aproximó cada vez
más y comenzó a describirle todas las cosas lascivas que podría hacerle en «la habitación del
fondo» si estaba dispuesto a pagar. Sus proposiciones eran tan directas y en cierto modo
graciosas que él acabó aceptando. Por fin decidieron que le chuparía el pene, pues
afirmaba tener un talento extraordinario para aquella actividad, y en efecto se dedicó a la
tarea con un entusiasmo sorprendente. Unos minutos más tarde, en el preciso instante en
que se corría dentro de su boca con un largo y palpitante chorro de semen, A. tuvo una
visión que lo ha acompañado desde entonces: cada eyaculación contiene miles de millones de
espermatozoides —o más o menos la cantidad equivalente al número de habitantes del
planeta— y eso significa que cada hombre guarda en sí mismo el potencial de un mundo
entero. Y en lo que ocurriría, si esto pudiera ocurrir, se encuentra toda la gama de
posibilidades: las semillas de idiotas y genios, de bellos y deformados, de santos,
catatónicos, ladrones, corredores de bolsa y equilibristas. Cada hombre, por lo tanto, es un
mundo entero y alberga en sus propios genes un decálogo de toda la humanidad. O, como
dice Leibniz: «cada sustancia viva es un perpetuo espejo viviente del universo». Pues el
hecho es que estamos formados por la misma materia que surgió de la primera
explosión, de la primera chispa en el vacío infinito del espacio. O al menos eso se dijo a
sí mismo, en aquel momento, mientras su pene estallaba en la boca de la mujer desnuda
cuyo nombre ha olvidado. Pensó: la irreductible mónada. Y luego, como si por fin lograra
asimilarlo, pensó en la célula microscópica y furtiva que se había abierto camino en el
cuerpo de su mujer, unos tres años antes, para convertirse en su hijo.
Por otra parte, nada.

Extraido de La invencion de la soledad. Paul Auster



¿Una plegaria a quién? Quizá a nada, o a su sentido de la
vida. A la nada moderna.

tú puedes, con tus pequeñas
manos arrastrarme
a tu tumba — tú
tienes derecho


– yo
que te sigo, yo
me dejo llevar


—pero si tú
quieres, hagamos
los dos..
.
una alianza
un himeneo, soberbio


—y la vida
que queda en mí
la usaré para
*

no — nada
que ver con las grandes
muertes — etc.


— mientras sigamos
viviendo, él
vivirá — en nosotros
sólo después de nuestra
muerte él estará muerto


—y las campanas
de los Muertos tocarán por
él
*

zarpa
navega
río,
tu vida que
pasa, que fluye


*
Puesta de sol
y viento
ahora desvanecido,
y
viento de la nada


que respira

(aquí la moderna?

nada)

*

la muerte — susurra
suavemente
—yo no soy nadie —
ni siquiera sé quién soy
(pues los muertos no
saben que están
muertos — , ni siquiera que
mueren

—al menos
por los niños
— o

héroes — muertes
súbitas
pues de lo contrario

mi belleza está
hecha de los últimos
momentos —
lucidez, belleza

rostro — de lo que sería

yo, sin mí mismo

*

¡Oh! tú entiendes
que si acepto
vivir — que parezca
que te olvido —
es para
alimentar mi dolor

— de modo que este
aparente
olvido
puede brotar de un
modo más
horrible en lágrimas, en
algún momento
fortuito, en
medio de esta
vida, cuando tú
te me aparezcas

*

verdadero duelo en
el apartamento

— no en el cementerio
muebles

*

encontrar sólo
ausencia


— en presencia
de pequeñas ropas
— etc.
*

no — no

dejaré

la nada

padre — siento

que la nada

me invade

Nosotros...










"Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos."