martes, 19 de abril de 2011

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Gracias por tu arte y por no dejar de jugar conmigo nunca 
Te quiero amigo, me hace feliz que seas parte de mi vida ...
Colgué algunas de nuestras inspiraciones jajaja

El parto de Guyunusa

Dos meses después de la muerte de Senaqué, un segundo hecho marcó la historia del pequeño grupo. Guyunusa tuvo, el 20 de setiembre a las nueve horas de la noche, una hija, que nació en término, por lo tanto, concebida antes de su partida de América. El relato que nos ha dejado Tanchour de este nacimiento, quien fue enviado para atender a la parturienta por Flourens, es sin duda uno de los documentos más interesantes que encontré en el curso de mi larga búsqueda en los diarios de la época:
“La mujer Charrúa realizó su parto el 20 de setiembre. Su pequeña hija, en el segundo día desde el nacimiento, padeció de una retención de orina, por lo cual el sabio Sr. Flourens me escribió en dicha ocasión para invitarme a cuidar a estos salvajes, alejados de los bosques. Antes de hablar de la niña, diré unas palabras sobre la madre y su parto “.
“Tan pronto Guyunusa, que ya había tenido un niño en su país, en las márgenes del río Negro (América del Sur), empezó a sentir los dolores de parto, buscó quedarse sola. Tomó una cuerda que pasó ocho veces por el doble picaporte de una de las puertas que estaba en la pared de la habitación, encima de donde ellos se acostaban, sobre pieles y un jergón delgado. Guyunusa dejó la cuerda bastante larga, como para que, tirando de ella, se encontrara casi en cuclillas. Cuando los dolores se hicieron más vivos, su marido, Vacuabé (sic), fue a sentarse como se sientan los sastres, por debajo de ella, de modo que la paciente pudiera sentarse sobre sus rodillas. Mientras los dolores eranfuertes, Vacuabé se mantenía tranquilo, pero cuando el dolor era débil o había pasado, tanto él incorporaba a su mujer con sus rodillas y la ponía en alto como la soltaba para producir una sacudida, como se haría para amontonar el grano en una bolsa”.
“El alumbramiento se hizo en tres horas, casi sin manifestaciones de dolor; un instante después, la mujer se levantó y fue hasta la chimenea a calentarse, sentándose en el piso. El mismo día, como los días anteriores y posteriores, Guyunusa hizo su aseo personal como de ordinario, y se lavó la cabeza en un cubo con agua fría. Tuvo un poco de fiebre de leche, pero no se detuvo nunca, comiendo carne casi cruda cuando tenía hambre, como le era habitual”.
“La pequeña Charrúa nació de término; su cabeza era muy pequeña, sus cabellos, de un negro azabache y muy gruesos, su piel, del color de la tierra de Siena oscura, como la de sus padres. Su madre dijo que no podía alimentarla, por lo que se le proporcionaron alimentos que le ocasionaron una inflamación en el vientre y también en el cuello de la vejiga; de allí la retención de orina por la cual debí colocarle una sonda. Exigí que la niña fuera alimentada por su madre, y actualmente se porta bien”.
Tanchou no asistió al alumbramiento ni fue llamado más que en ocasión de la enfermedad de la recién nacida. Fue una partera,la Sra. Lesueur, la que asistió a Guyunusa. Aún así, los detalles que recogió Tanchou dentro del ámbito de los salvajes son precisos. Están confirmados y completados por las notas inéditas de Dumoutier, de las que hablaré más tarde, y de donde extraje aquellas con relación al parto de Guyunusa. Las reproduzco aquí en su forma original, modificando simplemente el orden para hacerlas más coherentes:
“Ella (Guyunusa) tuvo el viernes 20 de setiembre, a las nueve horas de la noche, una pequeña niña”.
“Ella se lamentaba, en el momento de la llegada dela Sra. Lesueur, cuando ya la cabeza estaba encajada en la excavación de la pelvis menor”.
“Primera posición de la cabeza”.
“A la tercer contracción, ella se acostó. Tenía las piernas cruzadas, manteniéndose suspendida por una correa fijada a la altura de su pecho. Ella misma había hecho estas disposiciones en el día, sintiendo la proximidad del parto. En el suelo, una piel plegada en cuatro le servía para descansar después del dolor, y entonces dejaba la correa. Cuando el dolor volvía, Tacuabé, parado detrás de ella, la encerraba entre sus brazos y con sus manos él le apretaba fuertemente el vientre, haciéndola saltar de tiempo en tiempo, como para obligar al feto a descender por su peso. Ella se quejaba solamente durante los dolores, y se rehusaba obstinadamente a acostarse, habiendo antes dado a luz según las costumbres de su país”.
“En el momento del pasaje, cuando la cabeza ya había salido, el niño lloró. Tacuabé pidió entonces ala Sra. Lesueurque asistiera a Michaela. Previamente, no había permitido que aplicara la mano para sostener el perineo y, a causa de la posición de Michaela, con las tuberosidades is-quiáticas casi tocando los talones, fue imposible recibir al niño por delante”.
“El grito del niño no difiere del de los nuestros “.
“Inmediatamente después de dar a luz, ella se quejó de nuevo y retomó la actitud como para parir. Tacuabé la agarró y la presionó más fuertemente que la primera vez.La Sra. Lesueur, habiendo palpado el vientre, reconoció que la implantación estaba arriba y hacia atrás, y por las ligeras tracciones reconoció también que ella (la placenta) estaba aún adherida. Después de la segunda contracción, se separó. Su forma no ofrecía nada de particular, su volumen no excedía el de una placenta de5 a6 meses; era perfectamente circular y de una integridad perfecta. El cordón era muy voluminoso, más grueso que el pulgar, corto”.
“El ombligo (de la niña) está dos pulgadas encima del pubis “.
“Tacuabé, sin que se lo pidieran, trajo un cuchillo para cortar el cordón, una palangana y agua tibia que había previamente calentado para lavar a la niña “.
“Ella (Guyunusa) no se guarneció, y se tendió sobre el jergón envuelta en las pieles. A ratos se lavaba con agua tibia. No quiso hacerlo delante de los asistentes, por lo que estuvo dos horas esperando antes de asearse. Después (del parto) no quiso dejarse tocar más “.
“Ayer de tarde ella estaba abatida, con el cutis como habitualmente, los senos un poco aumentados en volumen, puntiagudos; el mamelón, no muy diferenciado y moderadamente estrechado: tenía muy poca leche. La niña mamaba con dificultad por causa de la forma del seno y de la escasez de leche, por lo que se debió alimentarla suplementariamente. Ella (Guyunusa) tenía el vientre lastimado después del parto”.

“Tacuabé estaba atento a las necesidades. Le dio su alimento al bebé con una muñeca de trapo impregnada en leche; lavó muy esmeradamente las ropas de su hija”.
“Tacuabé tuvo pequeñas atenciones para con su mujer; fue él quien la asistió durante la noche y le dio de beber”.
“Se los vio acostados sobre una piel, mirando a la niña a la luz de una vela. Parecían muy misteriosos”.
“El (Tacuabé) quiere a los niños y acarició a su hija “.
“Tacuabé parece sensible, así como Michaela, a las caricias que uno le hace a su hija”.
“Las mujeres llevan sus niños sobre la espalda… ellas se acuestan para dar de mamar”.
“Ella (Guyunusa) golpeaba la espalda de su niña para hacerla mamar”.

http://pueblosoriginarios.com/textos/charruas/charrua7.html

sábado, 16 de abril de 2011

NO !

Reducir la edad de imputabilidad de los menores no es ninguna solución. Estigmatizar a los menores es injusto y cobarde. Las cárceles de este país son fábricas de delincuentes, no existe la rehabilitación.


domingo, 3 de abril de 2011

Rusalka by Alexander Petrov




En la mitología eslava existen unos espíritus femeninos del agua llamados rusalkas, los cuales habitan en ríos, lagos y, a veces, zonas costeras. Por lo general, se las describe como mujeres hermosas de piel nívea y larga melena verde. Sus ojos son completamente blancos, si es que en ellos no arde un intenso fuego del mismo color que su pelo. Sus ropajes suelen consistir en una túnica blanca o en escuetos vestidos confeccionados con hojas del bosque.

Las rusalkas pasan la mayor parte del año bajo el agua. Hasta principios de junio no abandonan sus hogares subacuáticos, que pueden ser tanto lujosos salones de cristal como modestos nidos hechos de plumas y paja. Entonces, sobre todo por las noches, salen a la orilla y se dedican a hilar, lavar lino o, sobre todo, entonar extrañas canciones desconocidas para el resto de los mortales. También suelen subir a los árboles cercanos al cauce del río, en cuyas ramas les gusta columpiarse, sobre todo si se trata de un sauce o un abedul, y de las cuales solo bajan para ejecutar insólitas danzas en grupo. Allí donde bailan las rusalkas la hierba crece más fuerte, abundante y verde.

Dicen que si el pelo de una rusalka deja de estar húmedo, esta muere. Por ello, siempre que se alejan del agua, internándose en el bosque o el campo, llevan con ellas su peine; al peinarse un pequeño chorro de agua fluye de él.

Para los humanos su proximidad puede resultar peligrosa.


Cuando alguien, sea hombre o mujer, las sorprende bañándose en el río, lo intentan atraer al agua mediante argumentos aparentemente inocentes o hipnotizándole con su mágico canto, y, una vez allí, lo ahogan o le hacen cosquillas hasta provocarle la muerte. Quien las encuentra mientras bailan, se siente impelido a imitar sus contorsiones, quedando deformado o aquejado del baile de San Vito para el resto de su vida.

Según afirman en Bielorrusia, para protegerse de las rusalkas hay que arrojarles un pañuelo o, en su defecto, un jirón de la propia ropa. En otras zonas se dice que basta con llevar en la mano una ramita de ajenjo.

A principios de junio tiene lugar la Semana de las Rusalkas, durante la cual es peligroso bañarse en el río y no se debe trabajar, ya que si las rusalkas se enteran acabarán con el ganado y las aves de corral del infractor. Resulta conveniente tenerlas contentas, pues ellas pueden incidir en la calidad de las cosechas provocando lluvias o acunando a las mazorcas de maíz con sus cánticos. A veces también estropean las ruedas de los molinos y rompen las redes de los pescadores, aunque es probable que realicen estos detrozos de forma involuntaria.

Antes de ser sobrenaturales ninfas acuáticas, algunas de las rusalkas fueron mujeres normales. El alma de las jóvenes que se suicidan, mueren estranguladas o ahogadas puede convertirse en rusalka. Para evitarlo, sus familiares han de realizar ciertas ofrendas frente a su tumba durante la Semana de las Rusalkas: verter alguna bebida alcohólica, romper varios Huevos de Pascua y dejar unas tortitas cocinadas en casa, tras lo cual deben cantar una plegaria a las rusalkas.

También las almas de los niños muertos antes de nacer o de ser bautizados pueden convertirse en rusalka, en este caso en un tipo especial que tiene la apariencia de una niña de siete años. Las rusalkas adultas se llevan estas almas de las tumbas y los velatorios, y las conducen a su morada subacuática. Cada Semana Santa, durante siete años sucesivos, el alma del niño tiene permitido salir a buscar a alguien que la bautice. Tras oír de boca de un ser humano: “Te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, será libre de emprender su camino hacia el Cielo.