“Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte.”
jueves, 21 de octubre de 2010
miércoles, 20 de octubre de 2010
Preguntas de un trovador que sueña. Silvio Rodriguez
Si el flautista de Hamelín partiera con todos nuestros hijos ¿comprenderíamos que se nos va el futuro?
Si ese futuro que se nos va supiera adónde lo lleva el flautista de Hamelín ¿partiría con él?
Si un huelguista de hambre exigiera que Obama levantara el bloqueo ¿lo apoyaría el Grupo Prisa?
Si los miles de cubanos que perdimos familia en atentados de la CIA hiciéramos una carta de denuncia ¿la firmaría Carlos Alberto Montaner?
Si algunas firmas meditaran antes de condenar las cárceles ajenas ¿resultarían incólumes las propias?
Si un líder del norte es un líder ¿por qué es caudillo el que nació en el sur?
Si la política imperial es responsable de algunas de nuestras desgracias ¿no deberíamos liberarnos también de esa parte de la política imperial?
Si condenamos la guerra fría ¿nos referimos a toda o sólo a la porción ajena?
Si este gobierno ha sido tan malo ¿de dónde ha salido este pueblo tan bueno?
Aborto (marque con una cruz): asesinato, hedonismo, piedad
Homosexuales (marque con una cruz): Elton John advierte que Cristo era gay
¿Quién le importa al PP? (marque con una cruz): ¿Zapata o Zapatero?
Si la Casa Blanca devolviera Guantánamo y acabara el embargo ¿qué posición (común) adoptaría el Kama-Sutra europeo?
Si el que hoy maldice ayer bendijo ¿con quién pasó la noche?
Si de veras nos haría tanto daño una amnistía ¿por qué no me lo explican?
Si la suma de ambas intransigencias nos extingue y la nada baldía nos arrastra al pasado ¿nuestros hijos tendrán lo que merecen?
¿Qué pasa con los negros? ¿Qué pasa con los amarillos? ¿Qué pasa con los blancos? ¿Qué pasa con los rojos, con los azules e incluso con los hombrecillos verdes?
Si alguien roba comida y después resulta que no da la vida ¿qué hacer?
Si otro Martí naciera entre nosotros ¿podría ser emigrante, rapero, cuentapropista, ciudadano provincial en una chabola periférica?
Patria, Universo, Vida, respeto al semejante y todos Venceremos un poquito.
Si ese futuro que se nos va supiera adónde lo lleva el flautista de Hamelín ¿partiría con él?
Si un huelguista de hambre exigiera que Obama levantara el bloqueo ¿lo apoyaría el Grupo Prisa?
Si los miles de cubanos que perdimos familia en atentados de la CIA hiciéramos una carta de denuncia ¿la firmaría Carlos Alberto Montaner?
Si algunas firmas meditaran antes de condenar las cárceles ajenas ¿resultarían incólumes las propias?
Si un líder del norte es un líder ¿por qué es caudillo el que nació en el sur?
Si la política imperial es responsable de algunas de nuestras desgracias ¿no deberíamos liberarnos también de esa parte de la política imperial?
Si condenamos la guerra fría ¿nos referimos a toda o sólo a la porción ajena?
Si este gobierno ha sido tan malo ¿de dónde ha salido este pueblo tan bueno?
Aborto (marque con una cruz): asesinato, hedonismo, piedad
Homosexuales (marque con una cruz): Elton John advierte que Cristo era gay
¿Quién le importa al PP? (marque con una cruz): ¿Zapata o Zapatero?
Si la Casa Blanca devolviera Guantánamo y acabara el embargo ¿qué posición (común) adoptaría el Kama-Sutra europeo?
Si el que hoy maldice ayer bendijo ¿con quién pasó la noche?
Si de veras nos haría tanto daño una amnistía ¿por qué no me lo explican?
Si la suma de ambas intransigencias nos extingue y la nada baldía nos arrastra al pasado ¿nuestros hijos tendrán lo que merecen?
¿Qué pasa con los negros? ¿Qué pasa con los amarillos? ¿Qué pasa con los blancos? ¿Qué pasa con los rojos, con los azules e incluso con los hombrecillos verdes?
Si alguien roba comida y después resulta que no da la vida ¿qué hacer?
Si otro Martí naciera entre nosotros ¿podría ser emigrante, rapero, cuentapropista, ciudadano provincial en una chabola periférica?
Patria, Universo, Vida, respeto al semejante y todos Venceremos un poquito.
martes, 19 de octubre de 2010
Pavana para una infanta difunta. Olga Orozco.
Pequeña centinela,
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.
Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;
noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,
y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:
esa perversa tentación,
ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín
donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.
Flor cruel, flor vampira,
más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacia adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;
te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;
amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;
te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;
te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,
como lazos en manos del estrangulador.
¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,
y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!
Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se degarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro laberinto.
Todas las puertas son para salir.
Ya todo es el revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,
sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,
o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,
o te amedrenta el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:
en el fondo de todo jardín hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.
Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;
noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,
y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:
esa perversa tentación,
ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín
donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.
Flor cruel, flor vampira,
más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacia adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;
te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;
amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;
te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;
te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,
como lazos en manos del estrangulador.
¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,
y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!
Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se degarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro laberinto.
Todas las puertas son para salir.
Ya todo es el revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,
sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,
o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,
o te amedrenta el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:
en el fondo de todo jardín hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.
( ahí está tu jardín Bubu)
( ahí está tu jardín Pinchox)
domingo, 17 de octubre de 2010
Horses. Patti Smith
The boy was in the hallway drinking a glass of tea
From the other end of the hallway a rhythm was generating
Another boy was sliding up the hallway
He merged perfectly with the hallway,
He merged perfectly, the mirror in the hallway
-
The boy looked at Johnny, Johnny wanted to run,
but the movie kept moving as planned
The boy took Johnny, he pushed him against the locker,
He drove it in, he drove it home, he drove it deep in Johnny
The boy disappeared, Johnny fell on his knees,
started crashing his head against the locker,
started crashing his head against the locker,
started laughing hysterically
-
When suddenly Johnny gets the feeling he’s being surrounded by
horses, horses, horses, horses
coming in in all directions
white shining silver studs with their nose in flames,
He saw horses, horses, horses, horses, horses, horses, horses, horses.
Do you know how to pony like bony maroney
Do you know how to twist, well it goes like this, it goes like this
Baby mash potato, do the alligator, do the alligator
And you twist the twister like your baby sister
I want your baby sister, give me your baby sister, dig your baby sister
Rise up on her knees, do the sweet pea, do the sweet pee pee,
Roll down on her back, got to lose control, got to lose control,
Got to lose control and then you take control,
Then you’re rolled down on your back and you like it like that,
Like it like that, like it like that, like it like that,
Then you do the watusi, yeah do the watusi
Life is filled with holes, Johnny’s laying there, his sperm coffin
Angel looks down at him and says, “Oh, pretty boy,
Can’t you show me nothing but surrender ?”
Johnny gets up, takes off his leather jacket,
Taped to his chest there’s the answer,
You got pen knives and jack knives and
Switchblades preferred, switchblades preferred
Then he cries, then he screams, saying
Life is full of pain, I’m cruisin’ through my brain
And I fill my nose with snow and go Rimbaud,
Go Rimbaud, go Rimbaud,
And go Johnny go, and do the watusi, oh do the watusi
There’s a little place, a place called space
It’s a pretty little place, it’s across the tracks,
Across the tracks and the name of the place is you like it like that,
You like it like that, you like it like that, you like it like that,
And the name of the band is the
Twistelettes, Twistelettes, Twistelettes, Twistelettes,
Twistelettes, Twistelettes, Twistelettes, Twistelettes
Baby calm down, better calm down,
In the night, in the eye of the forest
There’s a mare black and shining with yellow hair,
I put my fingers through her silken hair and found a stair,
I didn’t waste time, I just walked right up and saw that
up there — there is a sea
up there — there is a sea
up there — there is a sea
the sea’s the possibility
There is no land but the land
(up there is just a sea of possibilities)
There is no sea but the sea
(up there is a wall of possibilities)
There is no keeper but the key
(up there there are several walls of possibilities)
Except for one who seizes possibilities, one who seizes possibilities.
(up there)
I seize the first possibility, is the sea around me
I was standing there with my legs spread like a sailor
(in a sea of possibilities) I felt his hand on my knee
(on the screen)
And I looked at Johnny and handed him a branch of cold flame
(in the heart of man)
The waves were coming in like Arabian stallions
Gradually lapping into sea horses
He picked up the blade and he pressed it against his smooth throat
(the spoon)
And let it deep in
(the veins)
Dip in to the sea, to the sea of possibilities
It started hardening
Dip in to the sea, to the sea of possibilities
It started hardening in my hand
And I felt the arrows of desire
I put my hand inside his cranium, oh we had such a brainiac-amour
But no more, no more, I gotta move from my mind to the area
(go Rimbaud go Rimbaud go Rimbaud)
And go Johnny go and do the watusi,
Yeah do the watusi, do the watusi …
Shined open coiled snakes white and shiny twirling and encircling
Our lives are now entwined, we will fall yes we’re together twining
Your nerves, your mane of the black shining horse
And my fingers all entwined through the air,
I could feel it, it was the hair going through my fingers,
(I feel it I feel it I feel it I feel it)
The hairs were like wires going through my body
I I that’s how I
that’s how I
I died
(at that Tower of Babel they knew what they were after)
(they knew what they were after)
[Everything on the current] moved up
I tried to stop it, but it was too warm, too unbelievably smooth,
Like playing in the sea, in the sea of possibility, the possibility
Was a blade, a shiny blade, I hold the key to the sea of possibilities
There’s no land but the land
-
looked at my hands, and there’s a red stream
that went streaming through the sands like fingers,
like arteries, like fingers
(how much fits between the eyes of a horse?)
He lay, pressing it against his throat (your eyes)
He opened his throat (your eyes)
His vocal chords started shooting like (of a horse) mad pituitary glands
The scream he made (and my heart) was so high (my heart) pitched that nobody heard,
No one heard that cry,
No one heard (Johnny) the butterfly flapping in his throat,
(His fingers)
Nobody heard, he was on that bed, it was like a sea of jelly,
And so he seized the first
(his vocal chords shot up)
(possibility)
(like mad pituitary glands)
It was a black tube, he felt himself disintegrate
(there is nothing happening at all)
and go inside the black tube, so when he looked out into the steep
saw this sweet young thing (Fender one)
Humping on the parking meter, leaning on the parking meter
-
In the sheets
there was a man
dancing around
to the simple
Rock & roll
song
-
-
___________________________
-
-
Un chico bebía un vaso de te en el pasillo
desde el otro extremo surgía un ritmo
otro chico se deslizaba por el pasillo
Se fusionaron a la perfección con el pasillo,
Se fusionaron a la perfección en el espejo en el pasillo,
-
El chico miró a Johnny, Johnny quería correr,
la película seguía avanzando según lo previsto
el chico cogió a Johnny, lo empujó contra el armario,
lo llevó a su casa, lo condujo profundamente en Johnny
el muchacho desapareció, Johnny cayó de rodillas,
comenzó a golpearse la cabeza contra el armario,
comenzó a golpearse la cabeza contra el armario,
se echó a reír histéricamente
-
De pronto, Johnny, siente que está siendo rodeado por
caballos, caballos, caballos, caballos,
galopando en todas las direcciones
Blancos, brillantes animales de plata con la nariz en llamas,
Vio a los caballos, caballos, caballos, caballos, caballos, caballos, caballos, caballos.
Sabes que al pony le gusta el maroney huesudo
Sabes cómo manejar la situación, así que te va gustando, te sigue gustando
Puré de patata Baby, haz el cocodrilo, el caimán
Da vueltas al trabalenguas como tu hermanita
Quiero a tu hermanita, dame a tu hermanita, cavo a tu hermanita.
-
Se levantarse de rodillas, hace el guisante oloroso, hace el pipí dulce,
cayendo en la espalda, pierdo el control, pierdo totalmente el control,
pierdo totalmente el control, y luego vuelvo a tomar el control,
caes sobre su espalda, le gusta el estilo,
le gusta de esa manera, así, le gusta así.
haces el watusi, si, haces el watusi
-
La vida está llena de agujeros, Johnny pone allí, su esperma en el ataúd
El ángel mira hacia abajo y le dice, “Oh, hermoso muchacho,
¿No me puedes enseñar nada más? “
Johnny se levanta, se quita la chaqueta de cuero,
Marcada en su pecho está la respuesta,
-
Tienes cuchillos y navajas
Y la navaja preferida
Entonces grita y grita, diciendo
La vida esta llena de dolor, estoy viajando por mi cerebro
Lleno la nariz de nieve y viene Rimbaud
Viene Rimbaud, viene Rimbaud
Y viene Johnny, y hace el watusi, oh hace el watusi
-
Hay un pequeño lugar, un lugar llamado espacio
es muy bonito, está en las vías,
el nombre del lugar es como te gusta, como que,
¿Te gusta así, le gusta así, le gusta así,
Y el nombre de la banda es
Twistelettes, Twistelettes, Twistelettes, Twistelettes,
Twistelettes, Twistelettes, Twistelettes, Twistelettes
-
Calma, baby, calma
En la noche, en el ojo del bosque
Hay una yegua negra y brillantes crines amarillas,
Al pasar los dedos por su pelo sedoso encontré una escalera,
No perdí el tiempo, subí y desde allí vi
allí hay un mar
allí hay un mar
allí hay un mar
el mar de la posibilidad
No hay tierra, sino la tierra
(allí hay un mar de posibilidades)
No hay mar, sino la mar
(en lo alto una pared de posibilidades)
No hay portero, sino la llave
(encima hay varias paredes de posibilidades)
A excepción de que alguien se apodere de las posibilidades, alguien se apodere de las posibilidades.
-
Aprovecho la primera posibilidad, el mar me rodea
estaba allí con las piernas separadas como un marinero
(un mar de posibilidades), sentí su mano en la rodilla
(en la pantalla)
Y miré a Johnny y le entregué una rama de llama fría
(en el corazón del hombre)
Las olas llegaban como sementales árabes
convirtiéndose, poco a poco en caballitos de mar
Cogió la hoja y la apretó contra su garganta suave
(la cuchara)
Y profundizó
(las venas)
zambulléndose en el mar, el mar de posibilidades
comenzó a endurecerse
zambulléndose en el mar, el mar de posibilidades
empezó a endurecerse en mi mano
Y sentí las flechas del deseo
Le puse la mano en el cráneo, oh, tuvimos un Brainiac-amour
Pero no más, no más, logré salir de mi mente al lugar de
(viene Rimbaud, viene Rimbaud, viene Rimbaud)
Ven Johnny y haz el watusi
el watusi, el watusi…
Brillantes serpientes blancas enroscadas en espiral y resplandecientes en el círculo
Nuestras vidas están entrelazadas, caeremos sí estamos juntos
tus nervios, tu melena brillante como una crin del caballo de color negro
Y los dedos entrelazados a través del aire,
Podía sentir el pelo, pasando entre mis dedos,
(Lo siento, lo siento, lo siento)
Los cabellos eran como cables a través de mi cuerpo
Y así es como yo,
así es como yo
morí
(en esa Torre de Babel que sabían lo que buscaban)
(sabían lo que buscaban)
[Todo en la corriente] subió
Intenté detenerla, pero era demasiado caliente, increíblemente suave,
como jugar en el mar, en el mar de la posibilidad, de la posibilidad.
Era una hoja, una hoja brillante, tengo la llave para el mar
de las posibilidades.
No hay tierra, sino la tierra
-
Miré las manos, y hay un flujo rojo
deslizándose a través de las arenas como dedos,
como arterias, como dedos
(¿cuántos caben en los ojos de un caballo?)
Se quedó, presionándolo contra su garganta (tus ojos)
Abrió la garganta (los ojos)
Sus cuerdas vocales comenzaron a disparar como (de un caballo) locas
glándulas pituitarias
El grito que hizo (y mi corazón) fue tan alto (mi corazón)
tan agudo que nadie lo escuchó,
nadie escuchó el grito,
Nadie escuchó (Johnny) la mariposa aleteando en la garganta,
(sus dedos)
Nadie le escuchó, estaba en la cama, era como un mar de gelatina,
Y así se apoderó de la primera
(sus cuerdas vocales se dispararon)
(posibilidad)
(como locas glándulas pituitarias)
Era un tubo negro, sentía que se desintegraba
(No está ocurriendo nada en absoluto)
viene dentro del tubo negro, entonces me asomé a la pendiente
vi esta jovencita (Fender uno)
encogida en el parquímetro, apoyada en el parquímetro
-
En las hojas
había un hombre
bailando
a la sencilla
canción del
rock & roll
Acerca de Van Gogh. Paul Gauguin. Fragmento de su diario.
Durante largo tiempo he querido escribir acerca de Van Gogh, y lo haré sin duda el día menos pensado, cuando esté en vena. Voy a deciros ahora algunas cosas, pocas y oportunas, acerca de él, o más bien acerca de nosotros, a fin de corregir un error que ha corrido en ciertos círculos.
Ocurre que han enloquecido varios hombres que estuvieron mucho en mi compañía y que acostumbraban discutir conmigo.
Esto fue cierto con los dos hermanos Van Gogh, y algunas personas malignas, entre otras, me han atribuido infantilmente sus demencias. Algunos hombres tienen, indudablemente, mayor o menor influencia sobre sus amigos, pero hay una gran diferencia entre eso y provocar la locura. Mucho tiempo después de la catástrofe, Vincent me escribió desde el asilo particular en que estaba en tratamiento. Decía: "Qué afortunado eres de estar en París. Es decir, donde uno halla los mejores doctores, y tú ciertamente debes consultar a un especialista para curar tu locura. ¿No estamos todos locos?" El consejo era bueno, y por eso no lo seguí; por espíritu de contradicción, digamos.
Los lectores del Mercure habrán observado en una carta de Vincent, publicada hace unos pocos años, la insistencia con que trató de hacerme ir a Arlés para fundar un estudio del cual sería yo director, según su idea. Trabajaba yo en aquella época en Pont-Aven, en Bretaña, y sea porque los estudios que había comenzado me retenían en ese lugar, o porque un vago instinto me advertía de algo anormal, me resistí largo tiempo, hasta que vino el día en que emprendí el viaje, arrastrado finalmente por el sincero y amistoso entu- siasmo de Vincent.
Llegué a Arlés a altas horas de la noche, y esperé el alba en un pequeño café que permanecía abierto. El dueño me miró y exclamó: "¡Usted es el compañero, lo reconozco!”
Un autorretrato, que había enviado yo a Vincent, explica la exclamación del propietario. Al mostrarle mi retrato Vincent le había dicho que era un compañero suyo que vendría pronto. Fui a despertar a Vincent, ni demasiado temprano ni demasiado tarde. El día fue dedicado a establecerme, a mucha conversación y a pasear de manera que pudiera admirar la belleza de Arlés y las mujeres arlesianas, acerca de las cuales, dicho sea de paso, no cobré gran entusiasmo.
Paul Gaughin - Les Alyscamps, Arles
Al día siguiente pusimos manos a la obra, él, continuando lo que ya había comenzado, y yo, comenzando algo nuevo. Debo confesaros que nunca he tenido la facilidad mental que otros encuentran, sin dificultad alguna, en la punta de sus pinceles. Estos individuos descienden del tren, recogen su paleta y os despachan en seguida un efecto de luz. Cuan- do está seco, va al Luxemburgo y es firmado Carolus-Duran.
No admiro la pintura, pero admiro al hombre. Es tan seguro, tan tranquilo. Yo, tan inseguro, tan intranquilo.
A donde quiera que voy necesito un cierto período de incubación, a fin de poder aprender cada vez la esencia de las plantas y de los árboles, de toda la naturaleza, que nunca desea ser comprendida o entregarse a sí misma.
Pasaron, pues, varias semanas antes de que yo estuviera en condiciones de captar indistintamente el agudo sabor de Arlés y de sus alrededores. Pero ello no impidió que trabajáramos duro, especialmente Vincent. Entre dos seres tales como él y yo, uno un perfecto volcán, el otro hirviendo también, interiormente, se estaba preparando una especie de lucha. En primer lugar, por todas partes y en todo encontré un desorden que me chocaba. Su caja de colores apenas contenía todos esos tubos, amontonados y nunca cerrados. A pesar de ese desorden, de ese revoltijo, algo brillaba en sus telas y también en su conversación. Daudet, Goncourt, la Biblia inflamaban su cerebro holandés. Los muelles, los puentes, los barcos de Arlés, todo el Midi, ocuparon e[ lugar de Holanda para él. Incluso olvidó cómo escribir el holandés, y, según puede verse en las cartas a su hermano, nunca escribió sino en francés, admirable francés, con un sinfín de "puesto que" y "por cuanto".
Vincent Van Gogh - Promenade a Arles 1888
A pesar de todos mis esfuerzos para desenmarañar de ese desordenado cerebro una lógica razonada en sus pensamientos críticos, no podía explicarme la absoluta contradic-ción entre sus cuadros y sus opiniones. Así, por ejemplo, tenía una admiración sin límites por Meissonier y un odio profundo por Ingres. Dégas era su desesperación y Cézanne un falsario. Lloraba al pensar en Monticelli.
Una cosa que le irritaba era deber admitir que yo tenía mucha inteligencia, aunque mi frente era demasiado pequeña, signo de imbecilidad. Poseía junto con todo esto la más grande de las ternuras, o más bien el altruismo del Evangelio.
Ya desde el primer mes vi que nuestras finanzas comunes iban tomando la misma apariencia de desorden. ¿Qué hacer? La situación era delicada. La caja era apenas modestamente llenada (por su hermano, empleado en lo de Goupil, y por mí, mediante la venta de cuadros. Me vi obligado a hablar, a riesgo de herir su gran susceptibilidad. Encaré el asunto con muchas precauciones, y con un muy amable engatusamiento, de una clase muy ajena a mi naturaleza. Debo confesar que tuve éxito mucho más fácilmente de lo que hubiera supuesto.
Vincent Van Gogh - Eugège Roch (El poeta), 1888
Mantuvimos una caja: tanto para excursiones higiénicas por la noche, tanto para tabaco, tanto para gastos incidentaes, incluso alquiler. Había una tira de papel encima y un lápiz, para que escribiéramos virtuosamente lo que cada uno tomaba de ese cajón. En otra caja estaba el resto del dinero, dividido en cuatro partes, para pagar cada semana por nuestra comida. Abandonamos nuestro pequeño restaurante, y yo hice la comida en una cocina de gas, mientras Vincent compraba las provisiones, sin ir muy lejos de casa. Una vez, sin embargo, quiso Vincent hacer una sopa. Cómo la preparó, no lo sé; casi diría que como sus colores en sus cuadros. De cualquier manera, no pudimos comerla. Y mi Vincent soltó la carcajada y exclamó: "Tarascon! La casquette au pére Daudet!" Sobre la pared, escribió con tiza:
Je suis Saint Esprit
Je suis sain d 'esprit
¿Cuánto tiempo estuvimos juntos? No podría decirlo, lo he olvidado completamente. A pesar de la rapidez con que se aproximaba la catástrofe, a pesar de la fiebre de trabajo que me poseía, el tiempo me pareció un siglo.
Aunque el público no tenía sospechas de ello, dos hombres estaban realizando allí una tarea colosal que era útil a ambos. ¿Quizás a otros? Hay algunas cosas que producen frutos.
Vincent, en la época en que llegué a Arlés, estaba en plena corriente de la escuela neoimpresionista, y encontraba muchas dificultades, sufriendo como consecuencia de ello, lo que no se debía a que esta escuela, como todas las escuelas, era mala, sino a que la misma no correspondía a su naturaleza, que distaba mucho de ser sufrida, y que era tan independiente.
Con todos esos amarillos sobre violados, todo este trabajo en colores complementarios, un trabajo suyo desordenado, no realizaba nada sino las más suaves de las armonías, incompletas y monótonas. Faltaba en ellas el sonido de la trompeta.
Emprendí la tarea de ilustrarlo: fue una tarea fácil, por cuanto encontré un suelo rico y fértil. Como todas las naturalezas originales que están marcadas con la estampa de la personalidad, Vincent no tenía miedo a los demás, y no era testarudo.
Desde ese día mi Van Gogh hizo progresos asombrosos; parecía adivinar todo lo que tenía en sí, y el resultado fue aquella serie de efectos de sol y más efectos de sol a plena luz.
¿Habéis visto el retrato del poeta?
La cara y el cabello son amarillo cromo 1.
Las ropas son amarillo cromo 2.
La corbata es amarillo cromo 3 con un alfiler de corbata esmeralda, sobre un fondo amarillo cromo 4.
Esto me lo decía un pintor italiano, y agregaba: "Marde ; marde! Todo es amarillo. ¡Ya no sé más qué es la pintura!”
Sería ocioso entrar aquí en problemas de técnica. Esto es sólo para haceros saber que Van Gogh, sin perder una pizca de su originalidad, aprendió de mí una provechosa lección. Y cada día me lo agradecía. Es eso lo que quiere decir cuando escribe al señor Aurier expresándole que debe mucho a Paul Gauguin.
Cuando llegué a Arlés, Vincent estaba tratando de encontrarse a sí mismo, mientras que yo, que era mucho más viejo, era un hombre maduro. Pero debo algo a Vincent, y es la conciencia de haberle sido útil, la confirmación de mis propias ideas originales acerca de la pintura. Y también, en momentos difíciles, el recuerdo que se guarda de otros más desgraciados que uno mismo.
Paul Gaughin - Van Gogh pintando girasoles
Sonrío cuando leo la observación de que "el dibujo de Gauguin recuerda en algo al de Van Gogh".
En los últimos días de mi estada, Vincent se volvía excesivamente brusco y ruidoso, y luego guardaba silencio. Durante varias noches lo sorprendí en el acto de levantarse y venir hacia mi cama. ¿A qué debo atribuir mi despertar justo en ese momento?
De todas maneras, bastaba que le dijera muy severamente: " ¡.Qué te pasa, Vincent?", para que volviera a su cama sin decir palabra y se durmiera profundamente.
Se me ocurrió la idea de hacer su retrato mientras él estaba pintando la naturaleza muerta que tanto amaba: algunos arados. Cuando el retrato estuvo terminado, me dijo: "Soy ciertamente yo, pero yo que me he vuelto loco".
Esa misma tarde fuimos al café. Tomó un ajenjo liviano. De repente me arrojó el vaso y su contenido. Evité el golpe; lo tomé en peso en mis brazos y salimos del café, atravesando la plaza Víctor Hugo. No muchos minutos más tarde Vincent se encontraba en su cama, donde a los pocos segundos dormía, para no despertar hasta el día siguiente.
Cuando despertó, me dijo muy tranquilamente: "Mi querido Gauguin, tengo un vago recuerdo de que ayer a la tarde te ofendí”.
Contestación: "Te perdono de buena gana y de todo corazón, pero la escena de ayer puede repetirse, y si fuera golpeado perdería el dominio de mí mismo y te estrangularía. Permíteme que escriba a tu hermano y le diga que regreso".
¡Dios mío, qué día!
Cuando llegó la tarde y hube engullido mi almuerzo, sentí que debía salir solo y tomar aire a lo largo de algunos senderos bordeados de laureles en flor. Había atravesado casi la plaza Víctor Hugo cuando oí detrás de mí unos pasos bien conocidos, cortos, rápidos, irregulares. Me di vuelta en el momento en que Vincent se abalanzaba sobre mí, con una navaja abierta en la mano. Mi mirada en ese momento debió tener gran poder, pues se detuvo y, agachando la cabeza, comenzó a correr hacia casa.
¿Fui negligente en esta oportunidad? ¿Debí desarmarlo y tratar de calmarlo? He interrogado a menudo a mi conciencia acerca de esto, pero no he encontrado nunca nada qué reprocharme. El que quiera, que me arroje la primera piedra.
De un salto estuve en un buen hotel arlesiano, donde, luego de preguntar la hora, tomé una habitación y me fui a acostar.
Estaba tan agitado que no pude dormirme hasta alrededor de las tres de la mañana, y me desperté más bien tarde, más o menos a las siete y media.
A llegar a la plazoleta, vi una multitud reunida. Cerca de nuestra casa veíanse algunos gendarmes, y un pequeño caballero con sombrero hongo que era el inspector de policía.
Esto era lo ocurrido:
Van Gogh, de regreso a casa, se había cortado inmediatamente una oreja, junto a la cabeza Debió de llevarle algún tiempo parar el flujo de la sangre, pues al día siguiente una cantidad de toallas mojadas se encontraban desparramadas en las baldosas de las dos habitaciones de la planta baja. La sangre había manchado las dos habitaciones y la pequeña escalera que conducía a nuestro dormitorio.
Cuando estuvo en condiciones de salir, con la cabeza envuelta en una boina que se encasquetó lo más posible, fue directamente a cierta casa donde a falta de una camarada uno puede escoger una amistad, y entregó su oreja al encargado, cuidadosamente lavada y colocada en un sobre. "Aquí tiene un recuerdo mío", le dijo. Luego corrió hacia casa, donde se metió en cama para dormir. Se tomó sin embargo el trabajo de cerrar los postigos, y puso sobre una mesa, cerca de la ventana, una lámpara encendida.
Diez minutos más tarde toda la calle asignada a las mozas de fortuna estaba en conmoción, y éstas charlaban acerca de lo ocurrido.
No tenía la más mínima sospecha de todo esto cuando me presenté a la puerta de nuestra casa y el caballero del sombrero hongo me dijo abruptamente y en un tono más que severo: "¿Qué ha hecho usted a su camarada, señor?”
"No sé...”
"Oh, sí... usted lo sabe muy bien... está muerto".
Nunca podría desear a nadie un tal momento; me tomó un largo rato recobrar mi presencia de ánimo y refrenar los latidos de mi corazón.
Me sofocaban el enojo, la indignación y la pena, así como la vergüenza por todas esas miradas que despedazaban mi persona. Contesté tartamudeando: “Muy bien, señor, subamos. Podemos explicarnos mejor allí”.
Vincent yacía en la cama, arrollado en las sábanas, encorvado como el percutor de un arma; parecía sin vida. Suavemente, muy suavemente, toqué el cuerpo, cuyo calor mostraba que todavía estaba vivo. Fue para mí como recobrar repentinamente todas mis energías, todo mi ánimo.
Dije entonces en voz baja al inspector de policía: "Tenga la amabilidad, señor, de despertar a este hombre con gran cuidado, y si pregunta por mí dígale que me ido de Arlés; mi vista podría resultarle fatal".
Debo reconocer que a partir de ese momento el inspector de policía fue tan razonable como era posible, e inteligentemente mandó llamar un médico y un coche de alquiler.
Vincent Van Gogh - Autorretrato con oreja vendada
Una vez despierto, Vincent preguntó por su camarada, su pipa y su tabaco; incluso pensó en preguntar por la caja que estaba abajo y contenía nuestro dinero: ¡una sospecha, diría yo! Pero yo había pasado ya por demasiados sufrimientos para molestarme por esto.
Vincent fue llevado a un hospital, donde, ni bien llegó, su cerebro comenzó a desvariar nuevamente.
El resto lo saben todos aquellos que tienen algún interés en saberlo, y sería inútil hablar al respecto si no fuera por el gran sufrimiento de un hombre que, confinado en un manicomio, recobraba lo suficiente su razón a intervalos mensuales para comprender su condición y pintar furiosamente los cuadros admirables que conocemos.
La última carta suya que recibí estaba fechada en Auvers, cerca de Pontoisc. Me decía que había esperado recuperarse lo suficiente para reunírseme en Bretaña, pero que ahora se veía obligado a reconocer la imposibilidad de su cura: "Querido maestro" (única vez que haya usado esta palabra), "después de haberte conocido y causado sufrimiento, es mejor morir en un buen estado mental que en uno degradado".
Se pegó un tiro de revólver en el estómago, y murió unas horas más tarde, recostado en su cama y fumando su pipa, en completa posesión de sus facultades mentales, lleno de amor por su arte y sin odio para los demás.
En Les Monstres, Jean Dolent escribe: "Cuando Gauguin dice ‘Vincent’, su voz es dulce".
Sin saberlo, pero habiéndolo sospechado, Jean Dolent está en lo cierto.
Sabéis por qué...
Paul Gaughin, Diario Íntimo
Ocurre que han enloquecido varios hombres que estuvieron mucho en mi compañía y que acostumbraban discutir conmigo.
Esto fue cierto con los dos hermanos Van Gogh, y algunas personas malignas, entre otras, me han atribuido infantilmente sus demencias. Algunos hombres tienen, indudablemente, mayor o menor influencia sobre sus amigos, pero hay una gran diferencia entre eso y provocar la locura. Mucho tiempo después de la catástrofe, Vincent me escribió desde el asilo particular en que estaba en tratamiento. Decía: "Qué afortunado eres de estar en París. Es decir, donde uno halla los mejores doctores, y tú ciertamente debes consultar a un especialista para curar tu locura. ¿No estamos todos locos?" El consejo era bueno, y por eso no lo seguí; por espíritu de contradicción, digamos.
Los lectores del Mercure habrán observado en una carta de Vincent, publicada hace unos pocos años, la insistencia con que trató de hacerme ir a Arlés para fundar un estudio del cual sería yo director, según su idea. Trabajaba yo en aquella época en Pont-Aven, en Bretaña, y sea porque los estudios que había comenzado me retenían en ese lugar, o porque un vago instinto me advertía de algo anormal, me resistí largo tiempo, hasta que vino el día en que emprendí el viaje, arrastrado finalmente por el sincero y amistoso entu- siasmo de Vincent.
Llegué a Arlés a altas horas de la noche, y esperé el alba en un pequeño café que permanecía abierto. El dueño me miró y exclamó: "¡Usted es el compañero, lo reconozco!”
Un autorretrato, que había enviado yo a Vincent, explica la exclamación del propietario. Al mostrarle mi retrato Vincent le había dicho que era un compañero suyo que vendría pronto. Fui a despertar a Vincent, ni demasiado temprano ni demasiado tarde. El día fue dedicado a establecerme, a mucha conversación y a pasear de manera que pudiera admirar la belleza de Arlés y las mujeres arlesianas, acerca de las cuales, dicho sea de paso, no cobré gran entusiasmo.
Paul Gaughin - Les Alyscamps, Arles
Al día siguiente pusimos manos a la obra, él, continuando lo que ya había comenzado, y yo, comenzando algo nuevo. Debo confesaros que nunca he tenido la facilidad mental que otros encuentran, sin dificultad alguna, en la punta de sus pinceles. Estos individuos descienden del tren, recogen su paleta y os despachan en seguida un efecto de luz. Cuan- do está seco, va al Luxemburgo y es firmado Carolus-Duran.
No admiro la pintura, pero admiro al hombre. Es tan seguro, tan tranquilo. Yo, tan inseguro, tan intranquilo.
A donde quiera que voy necesito un cierto período de incubación, a fin de poder aprender cada vez la esencia de las plantas y de los árboles, de toda la naturaleza, que nunca desea ser comprendida o entregarse a sí misma.
Pasaron, pues, varias semanas antes de que yo estuviera en condiciones de captar indistintamente el agudo sabor de Arlés y de sus alrededores. Pero ello no impidió que trabajáramos duro, especialmente Vincent. Entre dos seres tales como él y yo, uno un perfecto volcán, el otro hirviendo también, interiormente, se estaba preparando una especie de lucha. En primer lugar, por todas partes y en todo encontré un desorden que me chocaba. Su caja de colores apenas contenía todos esos tubos, amontonados y nunca cerrados. A pesar de ese desorden, de ese revoltijo, algo brillaba en sus telas y también en su conversación. Daudet, Goncourt, la Biblia inflamaban su cerebro holandés. Los muelles, los puentes, los barcos de Arlés, todo el Midi, ocuparon e[ lugar de Holanda para él. Incluso olvidó cómo escribir el holandés, y, según puede verse en las cartas a su hermano, nunca escribió sino en francés, admirable francés, con un sinfín de "puesto que" y "por cuanto".
Vincent Van Gogh - Promenade a Arles 1888
A pesar de todos mis esfuerzos para desenmarañar de ese desordenado cerebro una lógica razonada en sus pensamientos críticos, no podía explicarme la absoluta contradic-ción entre sus cuadros y sus opiniones. Así, por ejemplo, tenía una admiración sin límites por Meissonier y un odio profundo por Ingres. Dégas era su desesperación y Cézanne un falsario. Lloraba al pensar en Monticelli.
Una cosa que le irritaba era deber admitir que yo tenía mucha inteligencia, aunque mi frente era demasiado pequeña, signo de imbecilidad. Poseía junto con todo esto la más grande de las ternuras, o más bien el altruismo del Evangelio.
Ya desde el primer mes vi que nuestras finanzas comunes iban tomando la misma apariencia de desorden. ¿Qué hacer? La situación era delicada. La caja era apenas modestamente llenada (por su hermano, empleado en lo de Goupil, y por mí, mediante la venta de cuadros. Me vi obligado a hablar, a riesgo de herir su gran susceptibilidad. Encaré el asunto con muchas precauciones, y con un muy amable engatusamiento, de una clase muy ajena a mi naturaleza. Debo confesar que tuve éxito mucho más fácilmente de lo que hubiera supuesto.
Vincent Van Gogh - Eugège Roch (El poeta), 1888
Mantuvimos una caja: tanto para excursiones higiénicas por la noche, tanto para tabaco, tanto para gastos incidentaes, incluso alquiler. Había una tira de papel encima y un lápiz, para que escribiéramos virtuosamente lo que cada uno tomaba de ese cajón. En otra caja estaba el resto del dinero, dividido en cuatro partes, para pagar cada semana por nuestra comida. Abandonamos nuestro pequeño restaurante, y yo hice la comida en una cocina de gas, mientras Vincent compraba las provisiones, sin ir muy lejos de casa. Una vez, sin embargo, quiso Vincent hacer una sopa. Cómo la preparó, no lo sé; casi diría que como sus colores en sus cuadros. De cualquier manera, no pudimos comerla. Y mi Vincent soltó la carcajada y exclamó: "Tarascon! La casquette au pére Daudet!" Sobre la pared, escribió con tiza:
Je suis Saint Esprit
Je suis sain d 'esprit
¿Cuánto tiempo estuvimos juntos? No podría decirlo, lo he olvidado completamente. A pesar de la rapidez con que se aproximaba la catástrofe, a pesar de la fiebre de trabajo que me poseía, el tiempo me pareció un siglo.
Aunque el público no tenía sospechas de ello, dos hombres estaban realizando allí una tarea colosal que era útil a ambos. ¿Quizás a otros? Hay algunas cosas que producen frutos.
Vincent, en la época en que llegué a Arlés, estaba en plena corriente de la escuela neoimpresionista, y encontraba muchas dificultades, sufriendo como consecuencia de ello, lo que no se debía a que esta escuela, como todas las escuelas, era mala, sino a que la misma no correspondía a su naturaleza, que distaba mucho de ser sufrida, y que era tan independiente.
Con todos esos amarillos sobre violados, todo este trabajo en colores complementarios, un trabajo suyo desordenado, no realizaba nada sino las más suaves de las armonías, incompletas y monótonas. Faltaba en ellas el sonido de la trompeta.
Emprendí la tarea de ilustrarlo: fue una tarea fácil, por cuanto encontré un suelo rico y fértil. Como todas las naturalezas originales que están marcadas con la estampa de la personalidad, Vincent no tenía miedo a los demás, y no era testarudo.
Desde ese día mi Van Gogh hizo progresos asombrosos; parecía adivinar todo lo que tenía en sí, y el resultado fue aquella serie de efectos de sol y más efectos de sol a plena luz.
¿Habéis visto el retrato del poeta?
La cara y el cabello son amarillo cromo 1.
Las ropas son amarillo cromo 2.
La corbata es amarillo cromo 3 con un alfiler de corbata esmeralda, sobre un fondo amarillo cromo 4.
Esto me lo decía un pintor italiano, y agregaba: "Marde ; marde! Todo es amarillo. ¡Ya no sé más qué es la pintura!”
Sería ocioso entrar aquí en problemas de técnica. Esto es sólo para haceros saber que Van Gogh, sin perder una pizca de su originalidad, aprendió de mí una provechosa lección. Y cada día me lo agradecía. Es eso lo que quiere decir cuando escribe al señor Aurier expresándole que debe mucho a Paul Gauguin.
Cuando llegué a Arlés, Vincent estaba tratando de encontrarse a sí mismo, mientras que yo, que era mucho más viejo, era un hombre maduro. Pero debo algo a Vincent, y es la conciencia de haberle sido útil, la confirmación de mis propias ideas originales acerca de la pintura. Y también, en momentos difíciles, el recuerdo que se guarda de otros más desgraciados que uno mismo.
Paul Gaughin - Van Gogh pintando girasoles
Sonrío cuando leo la observación de que "el dibujo de Gauguin recuerda en algo al de Van Gogh".
En los últimos días de mi estada, Vincent se volvía excesivamente brusco y ruidoso, y luego guardaba silencio. Durante varias noches lo sorprendí en el acto de levantarse y venir hacia mi cama. ¿A qué debo atribuir mi despertar justo en ese momento?
De todas maneras, bastaba que le dijera muy severamente: " ¡.Qué te pasa, Vincent?", para que volviera a su cama sin decir palabra y se durmiera profundamente.
Se me ocurrió la idea de hacer su retrato mientras él estaba pintando la naturaleza muerta que tanto amaba: algunos arados. Cuando el retrato estuvo terminado, me dijo: "Soy ciertamente yo, pero yo que me he vuelto loco".
Esa misma tarde fuimos al café. Tomó un ajenjo liviano. De repente me arrojó el vaso y su contenido. Evité el golpe; lo tomé en peso en mis brazos y salimos del café, atravesando la plaza Víctor Hugo. No muchos minutos más tarde Vincent se encontraba en su cama, donde a los pocos segundos dormía, para no despertar hasta el día siguiente.
Cuando despertó, me dijo muy tranquilamente: "Mi querido Gauguin, tengo un vago recuerdo de que ayer a la tarde te ofendí”.
Contestación: "Te perdono de buena gana y de todo corazón, pero la escena de ayer puede repetirse, y si fuera golpeado perdería el dominio de mí mismo y te estrangularía. Permíteme que escriba a tu hermano y le diga que regreso".
¡Dios mío, qué día!
Cuando llegó la tarde y hube engullido mi almuerzo, sentí que debía salir solo y tomar aire a lo largo de algunos senderos bordeados de laureles en flor. Había atravesado casi la plaza Víctor Hugo cuando oí detrás de mí unos pasos bien conocidos, cortos, rápidos, irregulares. Me di vuelta en el momento en que Vincent se abalanzaba sobre mí, con una navaja abierta en la mano. Mi mirada en ese momento debió tener gran poder, pues se detuvo y, agachando la cabeza, comenzó a correr hacia casa.
¿Fui negligente en esta oportunidad? ¿Debí desarmarlo y tratar de calmarlo? He interrogado a menudo a mi conciencia acerca de esto, pero no he encontrado nunca nada qué reprocharme. El que quiera, que me arroje la primera piedra.
De un salto estuve en un buen hotel arlesiano, donde, luego de preguntar la hora, tomé una habitación y me fui a acostar.
Estaba tan agitado que no pude dormirme hasta alrededor de las tres de la mañana, y me desperté más bien tarde, más o menos a las siete y media.
A llegar a la plazoleta, vi una multitud reunida. Cerca de nuestra casa veíanse algunos gendarmes, y un pequeño caballero con sombrero hongo que era el inspector de policía.
Esto era lo ocurrido:
Van Gogh, de regreso a casa, se había cortado inmediatamente una oreja, junto a la cabeza Debió de llevarle algún tiempo parar el flujo de la sangre, pues al día siguiente una cantidad de toallas mojadas se encontraban desparramadas en las baldosas de las dos habitaciones de la planta baja. La sangre había manchado las dos habitaciones y la pequeña escalera que conducía a nuestro dormitorio.
Cuando estuvo en condiciones de salir, con la cabeza envuelta en una boina que se encasquetó lo más posible, fue directamente a cierta casa donde a falta de una camarada uno puede escoger una amistad, y entregó su oreja al encargado, cuidadosamente lavada y colocada en un sobre. "Aquí tiene un recuerdo mío", le dijo. Luego corrió hacia casa, donde se metió en cama para dormir. Se tomó sin embargo el trabajo de cerrar los postigos, y puso sobre una mesa, cerca de la ventana, una lámpara encendida.
Diez minutos más tarde toda la calle asignada a las mozas de fortuna estaba en conmoción, y éstas charlaban acerca de lo ocurrido.
No tenía la más mínima sospecha de todo esto cuando me presenté a la puerta de nuestra casa y el caballero del sombrero hongo me dijo abruptamente y en un tono más que severo: "¿Qué ha hecho usted a su camarada, señor?”
"No sé...”
"Oh, sí... usted lo sabe muy bien... está muerto".
Nunca podría desear a nadie un tal momento; me tomó un largo rato recobrar mi presencia de ánimo y refrenar los latidos de mi corazón.
Me sofocaban el enojo, la indignación y la pena, así como la vergüenza por todas esas miradas que despedazaban mi persona. Contesté tartamudeando: “Muy bien, señor, subamos. Podemos explicarnos mejor allí”.
Vincent yacía en la cama, arrollado en las sábanas, encorvado como el percutor de un arma; parecía sin vida. Suavemente, muy suavemente, toqué el cuerpo, cuyo calor mostraba que todavía estaba vivo. Fue para mí como recobrar repentinamente todas mis energías, todo mi ánimo.
Dije entonces en voz baja al inspector de policía: "Tenga la amabilidad, señor, de despertar a este hombre con gran cuidado, y si pregunta por mí dígale que me ido de Arlés; mi vista podría resultarle fatal".
Debo reconocer que a partir de ese momento el inspector de policía fue tan razonable como era posible, e inteligentemente mandó llamar un médico y un coche de alquiler.
Vincent Van Gogh - Autorretrato con oreja vendada
Una vez despierto, Vincent preguntó por su camarada, su pipa y su tabaco; incluso pensó en preguntar por la caja que estaba abajo y contenía nuestro dinero: ¡una sospecha, diría yo! Pero yo había pasado ya por demasiados sufrimientos para molestarme por esto.
Vincent fue llevado a un hospital, donde, ni bien llegó, su cerebro comenzó a desvariar nuevamente.
El resto lo saben todos aquellos que tienen algún interés en saberlo, y sería inútil hablar al respecto si no fuera por el gran sufrimiento de un hombre que, confinado en un manicomio, recobraba lo suficiente su razón a intervalos mensuales para comprender su condición y pintar furiosamente los cuadros admirables que conocemos.
La última carta suya que recibí estaba fechada en Auvers, cerca de Pontoisc. Me decía que había esperado recuperarse lo suficiente para reunírseme en Bretaña, pero que ahora se veía obligado a reconocer la imposibilidad de su cura: "Querido maestro" (única vez que haya usado esta palabra), "después de haberte conocido y causado sufrimiento, es mejor morir en un buen estado mental que en uno degradado".
Se pegó un tiro de revólver en el estómago, y murió unas horas más tarde, recostado en su cama y fumando su pipa, en completa posesión de sus facultades mentales, lleno de amor por su arte y sin odio para los demás.
En Les Monstres, Jean Dolent escribe: "Cuando Gauguin dice ‘Vincent’, su voz es dulce".
Sin saberlo, pero habiéndolo sospechado, Jean Dolent está en lo cierto.
Sabéis por qué...
Paul Gaughin, Diario Íntimo
sábado, 16 de octubre de 2010
Nifäq: La Hipocresía.
En sus corazones hay una enfermedad, y Allah les añade enfermedad”
(Corán, II-9)
Kufr -el rechazo, la cerrazón, la ignorancia espiritual, la lejanía de Allah- es insensibilidad y síntoma de un corazón muerto, es un vacío que es colmado artificialmente con sucedáneos de lo verdadero. Por su parte, Nifâq -la hipocresía- es signo de un corazón enfermo. Y, según el Corán, el Nifâq es peor que el Kufr. El Kufr es algo grave, es ausencia de espíritu, un sin sentido, cúmulo de ídolos y fantasmas, engaños y artimañas, frivolidades y falsos miedos y esperanzas; pero el Nifâq es dolor en el seno de esa mentira. Se llama munâfiq -hipócrita- al musulmán en apariencia y que en el fondo es kâfir.
El Nifâq es una enfermedad a la que Allah suma otras muchas: envidia, rencor, vanagloria, voracidad,... En cierta ocasión, Sidnâ Muhammad (s.a.s.) dijo: “En el pecho de cada hombre hay un trozo de carne que cuando está sano está sano el resto del cuerpo, y cuando está enfermo está enfermo el resto del cuerpo. Ciertamente, ese trozo de carne es el corazón”. Por eso, la principal de las ciencias en el Islam es la ciencia de los corazones, y cada musulmán está obligado a vigilarse para no caer en la hipocresía, fuente de sufrimientos y más enfermedades de todo tipo. Luchar contra la hipocresía es lo que hace avanzar al musulmán en la sinceridad que lo abre definitivamente a Allah.
En otra ocasión, Sidnâ Muhammad (s.a.s.) dijo a sus Compañeros: “El mejor de vosotros es el que ya era mejor antes del Islam”. El Islam es luz, e ilumina al ser humano, pero si esa persona era perversa, lo que hace el Islam es evidenciar su maldad, sacarla a la luz del día. La insinceridad en el Islam es peor porque ya no es algo inconsciente o disimulado en la ignorancia, sino algo resaltado por Allah. Por ello, el Nifâq es peor y más infame, envilecedor y retorcido que el Kufr. Para el hipócrita, el Islam no es una bendición: es una maldición que lo condena a un sufrimiento del que será plenamente consciente en la eternidad de al-Âjira. Lo que hace despreciables a los hipócritas, lo que los envilece ante los ojos de las seres, la desconsideración en que son tenidos, la opinión unánime contra la hipocresía, es precisamente el reflejo de su indignidad ante Allah. La repulsa universal que merece la hipocresía es signo de su expulsión de la Rahma.
El kâfir es alguien ‘olvidado’ por Allah (su ignorancia es señal de su ausencia en Allah), el munâfiq es despreciado por su Señor. En medio de los musulmanes, los hipócritas cumplen la función de ‘demonios’: maquinan perversiones, siembran la discordia, engendran recelos, estimulan la desconfianza, crean sospechas, desencadenan guerras, oprimen y engañan a los musulmanes,... La hipocresía se alía siempre con los enemigos del Islam: no es simplemente una actitud ni un miedo, es una función. Por ello, el Corán los describe con más detalle que a los kuffâr. Habla de los ‘demonios’ que habitan en ellos y con los que se reúnen en la soledad de sus corazones siniestros: “Y cuando se retiran con sus demonios, les dicen: ‘Estamos con vosotros, no hacemos sino reírnos (de los musulmanes)’...”. Sus demonios interiores les hacen pensar que sus acciones son rectas y viven en ese engaño, ávidos de justificación: “Cuando se les dice: ‘No destruyáis la tierra’, responden: ‘Somos quienes la reconstruyen’, pero no; son corruptores, pero no se dan cuenta”. Sus autoengaños los hacen vanidosos: “Cuando se les dice: ‘Abrid vuestros corazones a Allah como lo hace la gente’, responden: ‘¿Vamos a abrirlos como lo hacen los estúpidos?’. Pero no; ellos son los estúpidos, pero no lo saben”. La hipocresía es vivir en la propia mentira, en el propio Kufr, sin abrir ventanas al aire limpio del Islam.
A los hipócritas les ha sido dado el regalo del Islam, pero, en lugar de vivirlo, sus miedos se apoderan de ellos y son kuffâr de corazones muertos y acciones viles entre los musulmanes, y esa misma tensión los hace aún más viles y retorcidos, yendo su enfermedad en un constante aumento y diversificación.
En realidad, el Kufr es una íntima desconfianza y el Nifâq es inseguridad con propensión a la desconfianza ante Allah. El Islam es, por el contrario, ser sensible a Allah, respirar su Rahma creadora y exponerse a su Poder, sin reparos, como lo hacen las células que nos conforman. En la naturalidad y flujo con la Verdad que el Islam supone, el hipócrita impone sus artificios y sus mañas. Incapaz de resolver su conflicto con la Verdad, integra en el Islam su malestar íntimo, y destruye y corrompe lo que Rasûlullâh (s.a.s.) comunicó a la humanidad como una bendición. Son enemigos del Islam en el Islam, traicionan lo mejor en medio de lo mejor, todo a causa de sus propios demonios, que no han dejado atrás.
El Islam es la renuncia a esos ‘demonios’. Desde el principio, desde que alguien es musulmán, debe apartar sus fantasmas y encarar la existencia con el rigor de quien reconoce a su Único Señor y deja de estar sometido a las circunstancias, las apariencias, las mentiras. El Islam es renuncia decidida a los ídolos, pero el hipócrita se las apaña para disimularlos revistiéndolos con nuevos ropajes, con nombres ‘islámicos’. Consciente o inconscientemente, adora dioses y se refugia a la sombra de los mismos fantasmas que engañan a cualquier kâfir.
Por definición, el musulmán (el múslim) es el que ha claudicado sin recelos ante Allah. Esa rendición es sincera cuando implica una liberación. El Islam no es someterse a un dios más en la larga lista de dioses del kâfir. El Islam es un acto radical con el que el ser humano pasa de las tinieblas del Kufr a la luz de los que se proponen a sí mismos la Inmensidad de la Verdad que los ha creado y los recrea en cada instante. Ello también implica una noción tremenda del Destino, que acaba de liberar a ese hombre de trabas y angustias. Que ‘todo depende de Allah’ no es una frase hueca para justificar desgracias sino una fórmula para retar a las mentiras y subordinarlas a la grandeza de quien se inserta en un universo infinito, sin que nada -salvo Allah- sea concluyente y le exija doblegarse. Quien sabe que ‘todo depende de Allah’ deja de necesitar ser ‘hipócrita’.
Quien conoce y reconoce realmente a Allah cultiva en sí lo mejor y se relaciona con lo mejor, y lo hace con satisfacción, sin tener que recurrir a subterfugios ni busca cobijo en otros dioses. El munâfiq, al igual que el kâfir, en realidad sólo se ve a sí mismo y busca su propio interés, porque está desconectado de Allah, que lo comunicaría con lo ilimitado. Pero para ello tendría que superar el escollo de su propia frontera, y teme lo que hay más allá. Prefiere sus ‘seguridades’, sus ‘estrategias’, y está condenado al fracaso. Precisamente Nifâq, hipocresía, viene de náfaq, túnel, guarida de una rata con dos salidas. El hipócrita quiere estar a salvo, tener varias posibilidades, pero no sabe que Allah lo abarca todo y la única verdadera salida para el ser humano es hacia su Señor.
Los musulmanes no son seres perfectos. En realidad, sólo se les exige niyya, intención. Una intención sincera es desencadenante de la Rahma de Allah. La intención está íntimamente ligada al corazón, y por ello es necesaria esa ciencia de los corazones que va purificando la niyya de cada musulmán, depurándola de adherencias e insuficiencias, y lo hace progresar sobre la senda del Uno-Único. El munâfiq tiene una intención perversa justificada en mentiras. El error es comprensible, pero la deshonestidad no tiene excusa, y el hipócrita está en este último caso.
La libertad de espíritu es el concomitante necesario del Islam. Consiste en afrontar la vida y la acción sin artificios, con lealtad a la Única Verdad que nos modela y nos hace ser. “Allah es Más Grande” es la frase del musulmán ante las falsedades para disolverlas en la nada y recuperar la dignidad, pero el hipócrita, aunque la repita cien mil veces, no sale de sus miedos, ni tan siquiera se lo propone, y deambula entre quimeras, restando valor al Islam al hacer una falsa imitación de sus formas, timando a la gente, todo en busca de su propio provecho. El Islam no le sirve para relanzarse sino que se convierte en sus manos en una herramienta para perpetuar su mediocridad.
jueves, 14 de octubre de 2010
El Universo surrealista de Dmitry Vorsin
Dmitry Vorsin nació en Rusia en 1980. Comenzó a dibujar desde su infancia, pero sin recibir ninguna educación artística. A la edad de 17 años ingresó en la Universidad con la seguridad de dedicar su vida a la Ecología. Pero su naturaleza creativa finalmente venció, y, en consecuencia, se trasladó a Moscú donde Dmitry ahora se dedica a las artes gráficas y a la fotografía profesional. Sus dibujos, realizados en su mayoría con tinta y lápiz sobre papel o cartón, nos ofrecen un mundo surrealista y cargado de simbología.
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